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ANTIGUA CARROZA VOLADORA

ANTIGUA CARROZA VOLADORA

Cheng-Tang
Fue construida por el ingeniero Chino Ki-Kung-Chi, siguiendo las órdenes del emperador Cheng-Tang en el año 1766 antes de Nuestra Era.
Y le puso el nombre de Fei-Chi, nombre con el que designaban los antiguos chinos a sus vehículos aéreos y que corresponde en nuestra lengua a “Carroza voladora”.
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INCREIBLES VIAJES EN EL TIEMPO Y EL ESPACIO (Los extraños sucesos del Palacio de Versalles.)

INCREIBLES VIAJES EN EL TIEMPO Y EL ESPACIO
(Los extraños sucesos del Palacio de Versalles.)
Una cálida tarde de agosto de 1901, 2 maestras inglesas que habían ido a conocer los palacios y jardines de Versalles, antigua residencia de los últimos reyes de Francia, vivieron una extraordinaria experiencia
Un tiempo despues un hecho similar les ocurrió en el año de 1986, ya casi a finales del siglo XX, a otras 2 maestras inglesas cuando estaban de vacaciones también en Francia.
Paseaban conversando animadamente por los hermosos jardines del Palacio de Versalles, cuando de repente notaron como que una bruma extraña envolvía el panorama y súbitamente se encontraron transportadas a otra época, hecho que notaron por el tipo de los jardincillos diferentes a los que estaban visitando, con flores cuyo olor era diferente a los que previamente habían olfateado, y algunas veces se topaban con personajes vestidos a la usanza del siglo XVIII y tocados con tricornios, medias ajustadas y jubones con anchos cinturones y grandes hebillas, todo ello según la moda de aquella época; personajes que se pasaban de largo, como si ellas no existiesen, sin hablarles y sin contestar sus saludos.
Ambas maestras sumamente extrañadas continuaron caminando por aquellos senderos durante algún tiempo, hasta que nuevamente surgió aquella extraña neblina y todo el paisaje así como los personajes tornaron a la normalidad…
¿Qué había sucedido en este caso?
¿Acaso por circunstancias especiales habían viajado a través del tiempo, a otra época?
Este hecho que algunos tildaron de alucinación,
Pero:
¿Realmente sería una alucinación lo que vieron ambas amigas o acaso vivieron un viaje en el tiempo?
¿Y si así fue porque sólo presenciaron escenas de la época anterior a la Revolución Francesa?
Además existen otros casos parecidos como la visión y desaparición de un anciano soldado con uniforme antiguo que vieron en 1928, Claire Burroughs y Anna Lambert, un tiempo después en el año de 1940, la señorita Basset cuando visitaba el pequeño Trianón sufrió una especie de trance y vio diversos personajes que se desvanecieron paulatinamente;
Posteriormente el 21 de mayo de 1955 un abogado inglés y su esposa estando visitando Versalles, bajo una lluvia torrencial vieron corriendo alegremente a 2 personajes con tricornios, medias, zapatillas y trajes del siglo XVIII que llevaban a una alegre mujer por los brazos con vestido antiguo y escotado pero curiosamente ninguno de los 3 se mojaba mientras la pareja aunque iba cubierta con un paraguas recibía un “diluvio”.
¿Qué cosas tan extrañas suceden en ese hermoso Palacio Francés?
¿Será que ciertas personas o en determinadas circunstancias se trasladan en el tiempo y precisamente a la época un poco anterior a la Revolución Francesa?
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PEDRITO JARAMILLO

PEDRITO JARAMILLO
Era un México-norteamericano de Texas que siendo un pequeño dio muestras de tener poderes curativos, según su familia estos provendrían de N.S. Jesucristo que le dijo que curara a los enfermos de las localidades vecinas que obviamente, correspondían a gente sin recursos económicos.
Cuando creció así lo hizo y nunca cobraba por sus servicios y el escaso dinero que le depositaban en un bote le servía para comprar comida y alimentar a los peores y paupérrimos habitantes de Falfurrias en Texas, Estados Unidos de Norteamérica.
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TEPOXTÓN

TEPOXTÓN
Según una leyenda que circula en el Estado de Morelos, éste personaje era un dios que cansado de deambular por el cielo decidió hacerse hombre para sentir en “carne propia” los problemas que los dioses desde su morada hacían sufrir al hombre en la tierra.
La pareja que adoptó como padres eran tan pobres que no pudiendo mantenerlo decidió dejarlo bajo un árbol para que pereciera, al día siguiente fueron a verlo y como seguía vivo, optaron por ponerlo en un hormiguero en donde los insectos le fabricaron un collar de piedras verdes de obsidiana.
Cuando regresaron los supuestos padres y encontrándolo con el collar colgado al cuello, ahora resolvieron colocarlo dentro de una caja de madera y arrojarla al río, esperando que alguien lo rescatase, como efectivamente sucedió.
Una pareja de ancianos que pasaba por el lugar al ver al pequeño en la caja y con el collar de piedras verdes de obsidiana, lo rescataron de la corriente y lo criaron cuidadosamente hasta que se hizo un hombre, quien les dijo que un día les pagaría el favor que le habían hecho al rescatarlo del río.
Efectivamente, un día deambulaba por el lugar un gigante antropófago y al que la gente mantenía alejado del pueblo mediante la entrega de un joven para que se lo comiese y no les molestara a ellos.
Luego de un tiempo llegaron los lugareños y ahora tomaron al viejo y se lo ofrecieron para que lo devorase, pero el dios-hombre Tepoxtón, se ofreció en su lugar y el “ogro” al verle lo levantó y lo metió en un “tenate” (cesto de mimbre) para comerlo mas tarde.
Cuando el gigante tuvo hambre abrió el cesto y se encontró con un tigre en lugar de Tepoxtón, no se atrevió a sacarlo y volvió a cerrar el tenate, más tarde regresó a querer comerlo y al levantar la tapa se encontró con una enorme serpiente, y volvió a cerrar el recipiente.
Cuando tenía mucha hambre el gigante antropófago retornó a levantar la tapa del cesto y ahora si encontró al dios-hombre Tepoxtón, sin pensarlo mucho lo levantó y lo tragó entero, pero éste al estar dentro de las entrañas del monstruo empezó a desgarrarlas con el collar de obsidiana que no eran más que una sarta de cuchillos afilados y con los cuales consiguió abatir al monstruo antropófago, de esta forma salvó al pueblo para siempre de aquella terrible amenaza.
¿Acaso se podría encontrar cierta analogía entre este mito y el de David contra Goliat de la Biblia?
Un tiempo después y cansado de sus correrías por el mundo volvió a su lugar en el cielo y fue adorado por los habitantes del lugar como el dios “Tigre-culebra” ó “Tepoxtón”.
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SALVIA MASCARIA (Hierba santa)

SALVIA MASCARIA
(Hierba santa)
Entre los habitantes de la sierra Mazateca del estado de Oaxaca, México, existe la costumbre de mascar la hierba que es un alucinógeno muy poderoso que produce entre los que la consumen la visión de figuras geométricas de colores, la sensación de que los objetos se vuelven líquidos o coloidales y durante la noche sienten la separación de la mente del cuerpo físico.
Un experimentador británico que masticó la Hierba Santa, bajo estricta vigilancia médica, confundió un árbol con una estatua misteriosa, y tuvo otras alucinaciones, además de otras sensaciones fantasmagóricas por el estilo, etcétera
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Los HONGOS ALUCINÓGENOS y la magia del COLOR VERDE

Los HONGOS ALUCINÓGENOS y la magia del COLOR VERDE
Este champiñón cuyo nombre científico es Psilocybe mexicana zapoteconum tiene el milagroso poder de suscitar visiones de colores, en las que predomina el color verde, el mismo matiz que representa un papel esencial en la vida y la historia de países muy distantes entre sí.
Por ejemplo es el color simbólico del planeta Venus, al igual que lo fuera en el arte sagrado de los mayas, incas y orientales.
En el templo de Chavín, Perú, se yergue la “Columna del Mundo”, que estuvo consagrada al gran rey Naymiap, que regresó volando al cielo de donde trajo ciencia y progreso.
Coincidentemente esta columna está hecha de “serpentina” que es un mineral de color verde.
Tanto en China como en la India, el jade, piedra de color verde, era considerado como un presente de los dioses llegados del cielo y los grandes dioses blancos de los antiguos mexicanos, Zamná, Kukulkán, y Quetzalcóatl, eran seres supuestamente llegados de Venus, y estaban representados tradicionalmente con los ojos y el ombligo incrustados de jade.
Además si atravesamos el océano y llegamos a la vieja Europa veremos a Minerva, la estrella de la mañana, cuyos ojos eran verdes y por tal razón era llamada Minerva Glaucopis.
En el sur de Francia la secta de los Cataros, que se decían poseedores del “grial de la eterna verdad”, poseían una piedra verde caída del cielo.
Y en algunas construcciones megalíticas se han encontrado incrustaciones de piedra verde.
Los cretenses, los fenicios, confeccionaban sus joyas con piedras verdes, de preferencia y algunos historiadores afirman que fueron hasta las orillas de Centroamérica en busca del jade.
Esa misma devoción por las piedras verdes se encuentra en China y en la India.
Se sabe que Lao-Tsé viajó rumbo a un país de Oeste montado en un búfalo de color verde, misma escena que se encuentra muchas veces representada en jade.
También resulta interesante observar que la palabra “verde” figura en el nombre de ciertos lugares y personas.
Por ejemplo conocemos que el nombre de Gröenlandia la enorme isla al este de Canadá significa “Tierra Verde”, no obstante estar cubierta por una enorme capa del hielo.
¿Acaso en un tiempo remoto estuvo cubierta por praderas?
Los antiguos egipcios solían referirse a una “tierra verde”.
Las épicas epopeyas de la corte del Rey Arturo el Caballero Verde.
Además el color verde simboliza a Hiperbórea e Irlanda, también conocida como la verde Erin, de las que nos llegan numerosas tradiciones.
En tales condiciones
¿Porqué no establecer una relación lógica entre los países de Centroamérica, tierra de elección de los dioses identificados con Venus, y el universo verde suscitado por los hongos alucinantes?
¿Acaso el papel que representan esos hongos no es otra cosa que ver el pasado y el futuro, de hacer posible el viaje en el tiempo y en el espacio, hasta el universo habitado por los grandes ancestros?
¿Podemos creer que los dioses llegados al antiguo México hace varios milenios aportaron con ellos el vegetal más fácil de aclimatar, el hongo, que escogieron sagrado, es decir alucinógeno, para permitir a los sacerdotes elevarse artificialmente hasta su nivel de comprensión?
No hay duda de que estos hongos fueron un medio posible y cómodo de establecer una rápida comunicación de espíritu y lenguaje entre los extraterrestres y los habitantes de nuestro planeta, es decir entre hombres superiores e inferiores.
Un día, los últimos iniciados desaparecieron –fue la muerte de los dioses-, y en todos los países del mundo, las -pitonisas, las sibilas, las hechiceras, los adivinos, profetas y sacerdotes, todos los sabios y los conocedores-, se encontraron de pronto privados de la fuente de iniciación.
Buscando la solución del problema siguieron con el único sistema que ya conocían: decidiendo comunicarse con los dioses recurriendo a la ingestión de los hongos sagrados.
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LA LLORONA DE LA NUEVA ESPAÑA

LA LLORONA DE LA NUEVA ESPAÑA
Los conquistadores españoles pronto adoptaron la leyenda de la diosa llorona azteca Cihuacóatl como propia y desde 1550 hablaban de una campesina sorprendentemente hermosa, llamada Luisa, que fue amante de Nuño de Montes Claros, de muy ilustre cuna.
Cuando él le abandonó en su casa de las calles que posteriormente serían llamadas de “La Corregidora” para casarse con una mujer de su propia clase social, la campesina Luisa apuñaló a sus tres hijos como venganza.
Luego horrorizada por lo que había hecho, corrió por las calles, repitiendo los gemidos de su predecesora azteca. ¡Ayyy…!
Según cuenta la leyenda don Nuño de Montes Claros, arrepentido por su vil acción, se suicidó y fue enterrado el mismo día en que Luisa era quemada viva en una plaza de la ciudad de México por el crimen del triple infanticidio.
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CIHUACÓATL (La mujer serpiente)

CIHUACÓATL
(La mujer serpiente)
Era la diosa de la tierra en su doble función creadora y destructora, era también Coatlicue (la diosa madre) que presidía los nacimientos, el renacimiento o la regeneración de la tierra, entre los Mexicatl.
Poco antes de la conquista por los españoles, del emporio lacustre conocido en el mundo antiguo como la gran Tenochtitlan, aparecieron vaticinios y pronósticos de su próxima destrucción, de todo lo cual fue informado oportunamente Moctezuma, el “señor de hombres” ó “Tlatoani” por sus agoreros o “naguales” y sus sacerdotes ó “tecutli”.
Entre tales presagios de “mal agüero” apareció un cometa (augurio de desgracias entre todos los pueblos del orbe), en el cielo de Anáhuac, luego le informaron que habían encontrado un gallo viejo ó “huexólotl”, con un:
¡Espejo en la cabeza en el que se miraba el firmamento o “el citlatómac” con las estrellas brillando!
Más tarde el templo del dios del fuego ó “Xiuhtecuhtli”, se quemó, sus techos de madera y paja ardieron sin ninguna razón aparente, mas tarde la casa del dios guía “Huitzilopochtli” ardió de manera espontánea, sin que nadie le pusiera fuego, tiempo después
“El agua de la laguna que rodeaba la ciudad, se agitó e hirvió”.
El propio “señor de hombres”, meditó sobre tales sucesos, sagrados para él y su pueblo, hechos que presagiaban algo funesto seguramente.
Mientras hechiceros y agoreros trataban de entender su significado, en todo el orbe azteca, existía una expectación general, una inquietud, un temor.
Así pasaban los días, hasta una noche aciaga en que la invencible ciudad de México-Tenochtitlan, la valerosa, la orgullosa, la guerrera; esa ciudad extraordinaria, se conmovió se estremeció, se llenó de angustia, de tal pavor y de tal miedo, que hasta el propio “tlatoani”, cayó presa de tal consternación.
El reposo nocturnal, el silencio y la quietud de la hermosa ciudad lacustre, fueron perturbados, por unos prolongados gritos, unos lamentos llenos de terror, de tristeza y de aflicción, un gemir pleno de dolor y pesadumbre, los sollozos de una mujer, una mujer a la que nadie vio.
El propio Moctezuma convocó a los sacerdotes, a los sabios o “tlamatinime”; entre los que hubo juntas, discusiones, llantos, luego los sacerdotes rezaron a sus dioses, mientras el pueblo ofrecía plegarias y sacrificios en los templos; pero el terror y la congoja, no terminaban, iban creciendo hasta convertirse en una tortura general.
El gran “Señor de hombres” y su pueblo estaban anonadados, pues las conclusiones a que llegaban los agoreros y los sacerdotes, fueron siempre las mismas; se trataba del aviso de los dioses sobre la próxima destrucción del imperio azteca ó “tenochcatlalpan”.
Quizá era el presagio del regreso de “Quetzalcóatl”, el dios blanco de frente amplia, de ojos grandes y de cabellera extensa y clara, de barba larga y redonda, quien gustaba de cuidar las maravillosas flores con delicado perfume de sus jardines…
Tal vez, era el cumplimiento de su profecía hecha al abandonar la ciudad de Tula.
Desde aquella primera noche, cada vez con mas frecuencia, con mayor intensidad y manifestando creciente dolor, se oía a la mujer que lloraba inconsolable, que iba gritando por la noche; dando gritos de angustia y desesperación.
¡Hijitos míos, ya tenemos que irnos lejos!
Y otras veces lastimosamente, decía:
¡Hijitos míos! ¿Adónde los llevaré?
No pasó mucho tiempo sin que los sacerdotes y aún el pueblo, identificaran por su ropa, a la mujer que tan lastimosamente lloraba y gemía en el cielo nocturno de Tenochtitlan, como su diosa “Cihuacóatl”, o la “mujer serpiente”, la diosa madre que presidía los nacimientos, el renacimiento o la regeneración, entre los Náhuatl, mientras que otros pocos la identificaban con “Teoyaominqui” la “vigilante de las almas muertas” y los demás la confundían con “Quilatzli”, la “madre de los gemelos”.
Eran todas juntas ó alguna de todas ellas, la que vestida de blanco hacía los dolorosos recorridos nocturnos llorando y gritando, por la ya muy próxima destrucción de su admirable pueblo, de sus “Hijitos queridos”.
La angustia, la consternación que Moctezuma sufrió ante los funestos presagios y frente al lamento y lloriqueo de Cihuacóatl, le llevó a tratar de encontrar otra explicación, que no fuera, pues no podía ser, la destrucción de México-Tenochtitlan.
No lo decía así, no lo señalaba así la profecía de Quetzalcóatl y menos aún el ofrecimiento de grandeza, de poder, de su exaltación en señores del universo ó “Cemanáhuac”, que les había asegurado su dios Huitzilopochtli.
Aquellos lamentos, aquellos gemidos de “Cihuacóatl”, escuchados por todo el pueblo, que estremecían la ciudad desde sus cimientos hasta los vastos dominios de la tierra Tenochca o “Tenochcatlalpan”, hasta los confines de la tierra Mexicatl o “Mexicatlalpan”, debían tener otra mejor interpretación.
Moctezuma, “El Señor de Hombres”, el “Señor de la Palabra”, el “Tlatoani”, mandó encarcelar en Cuauhcalco (Coacalco) a los brujos “nahualtin”, a los encantadores y a los agoreros para obligarlos a encontrar otro significado que no fuese el predicho, el de la destrucción de la ciudad, del pueblo y de sus dioses…
Y si no hubiese otra interpretación más que ésa, que le permitieran saber oportunamente la forma en que se produciría ese fin.
Lleno de desesperación, de angustia y de temor, enérgicamente, Moctezuma ordenó a “Petlalcálcatl”:
Digan a esos encantadores que declaren alguna cosa; que si vendrá enfermedad, pestilencia, hambre, langosta, terremotos y agua o secura (sequía) de año, si lloverá o no, que lo digan; o si habrá guerra contra los tenochca, contra los mexicatl, o si vendrán muertes súbitas, o muertes por animales venidos, que no me lo oculten; o si han oído llorar a Cihuacóatl, tan nombrada en el Cemanáhuac, en el mundo que cuando ha de suceder algo, lo interpreten primero, aún mucho antes de que suceda…
La consternación se acrecentó días después cuando un cargador o “macehualli”, procedente del oriente, del bosque de la región de los muertos, es decir de “Mictlancuauhtla”, llegó hasta Moctezuma para informar al Tlatoani de la aparición de una casa flotante o barco grande que andaba de una parte a otra y no llegaba a las orillas del mar grande…
¡Y éste mensajero venía de la costa de oriente, es decir por donde habría de retornar Quetzalcóatl!
Según lo había profetizado cuando salió de Tollan; cuándo se inmoló en el oriente; pero no, lo tormentoso no era su procedencia de las cercanías del Cuetlaxcatl, de allá por Chalchiuhcuecan, era que llegaba procedente de Mictlancuauhtla y…
¿Esto tendría relación con la pena, con la aflicción, con el desconsuelo de “Cihualcoatl”?
La tribulación y la zozobra entre las castas sacerdotales, entre los señores y el pueblo mismo se hizo más intensa; el grito plañidero era cada noche más aterrador, más agobiante, más doloroso; el Tlatoani llegó casi a la desesperación, a la incomprensión, cuando pasado algún tiempo, le informaron que:
“…una mujer de nosotros, los de aquí, les viene acompañando; acompaña a esos seres extraños, a los hombres barbudos que montan venados, que vomitan fuego, viene hablando en lengua náhuatl.
Su nombre. Malintzin (Malinche), su casa, Tectipac,
Allá en la costa primeramente la cogieron, ahora les acompaña…
Mientras tanto los nocturnos llantos de Cihuacóatl se prolongaban, se hacían más lastimeros, más tristes, más desconsoladores, era la diosa madre que lloraba la suerte de sus hijos, del pueblo Mexicatl, del Tenochca, de la raza azteca.
Los hombres blancos, los barbudos, aquellos que vestían ropajes con los colores de Huitzilopochtli, de Tláloc, de Xipe y de Quetzalcóatl ascendieron, escalaron las montañas hasta llegar a “Tlaxcallan” (Tlaxcala), allí hablaron, se les juntó la gente; destruyeron “Cholulan” (Cholula), avanzaron hasta llegar a “Ixtapalapan”, (Iztapalapa) los Tlaxcaltecatl (Tlaxcaltecas) les respaldaban, y así prosiguieron su camino hasta México-Tenochtitlan…
Cihuacóatl lloraba con mayor angustia con profundo dolor y tristeza; era inconsolable.
Moctezuma quiso dar por cierto que se trataba de enviados de Quetzalcóatl, tal vez el dios viniera con ellos, pues con ellos venía uno a quien llamaban “Tonatiuh” (El sol).
“El Tlatoani”, (El señor de hombres, El señor de la palabra) Moctezuma en persona salió a recibirles, lo hizo por la calzada de Huitzilopochco (Xochimilco)
Allá los recibió como a dioses.
Recibió a los hombres barbudos y los alojó, los acomodó en las mejores casas de la ciudad, en el palacio de su primo Axayácatl.
Los llevó a los templos, penetraron los recintos sagrados, y los blancos, los recién llegados de oriente, profanaron a los dioses, rompiéndolos y arrojándoles fuera de sus templos porque según argumentaban:
“Esas son obras del demonio”
Entre tanto Cihuacóatl gemía con un dolor indescriptible.
Al conocer de la profanación que los conquistadores habían hecho de sus “dioses”, el pueblo se reveló contra los españoles, y los blancos huyeron…
Pero una mujer descubrió su salida y gritó la alarma, fue un alarido tan angustioso como el de la misma Cihuacóatl, un llamado que se unió al de la diosa madre y se dejó oír por toda la ciudad, por todo Mexicatlalpan.
Huidos los hombres barbudos, así como sus aliados los Tlaxcaltecas, volvió cierta tranquilidad a la gran ciudad, pero ésta sólo era interrumpida por el plañir de la diosa madre, de la diosa Cihuacóatl.
Casi un año después de la partida de los conquistadores, cuando ya hacían 13 años que noche tras noche lloraba Cihuacóatl, nuevamente fue asediada México-Tenochtitlan, de nuevo fue sitiada por los hombres blancos, por los barbudos quienes ahora venían con cañones montados en bergantines construidos en el mismo lago y por los Tlaxcaltecas, pero ahora la ciudad si fue vencida, todo lo destruyeron, los dioses cayeron, rodaron abajo por los peldaños de los templos, muchos se hicieron pedazos, se rompieron; las casas se destruyeron, fueron consumidas por el fuego; todo se acabó.
La ciudad fue abandonada por vencedores y vencidos…
Hubo un mortal silencio; sólo por las noches se escuchaba el llanto triste de una mujer que con gran lamentación sufría la suerte de sus hijos.
La ciudad se reconstruyó, México-Tenochtitlan se transformó, de azteca en española; también cambió su nombre, desde entonces dejó su esotérica doble denominación para llamarse únicamente México.
Todo se transformó, los dioses fueron otros, se cambiaron los templos, los edificios, las calles…
Aún las personas cambiaron sus nombres Náhuatl por hispanos o por moros; y sólo perduró inalterable, incambiable, el profundo, él sin consuelo dolor de Cihuacóatl que, con su plañidero y angustioso grito, gemía por la destrucción de su pueblo, y de su raza.
Los nuevos pobladores, los recién llegados, los hombres blancos, se aterraban al escucharla y pronto la llamaron “La Llorona”.
A través de los años, los largos lamentos seguían escuchándose por la Ciudad de México.
En cuanto sonaba el toque de queda en la Santa Iglesia Catedral, todo mundo echaba los cerrojos, ponía las trancas y fuertes aldabones en las puertas.
Cristos, imágenes y rezos acompañaban a los colonos para protegerse de “La Llorona”, cuyos lamentos hacían estremecer aún a los más valientes.
Después de las 10 de la noche, nadie se atrevía a salir de sus casas. Nadie deseaba ser sorprendido en la calle por los sollozos de Cihuacóatl.
Muchos hombres del pueblo vencido, de los dominados mexicanos, identificaban en el llanto de la mujer fantasma a Malintzin (Malinche), la mujer que traicionó a su raza y a sus dioses para servir a los barbudos y ayudando para la destrucción de su cultura y de su religión.
Fue en el siglo XVI, época en que los hombres se mostraban cobardes y temerosos, las mujeres se desmayaban, los corazones aceleraban su ritmo al escuchar aquel lamento largo, agudo y lúgubre que venía de lejos y se iba acercando poco a poco, siempre cargado de dolor, de un dolor intenso, angustioso, impresionante.
No había ser en la Nueva España que pudiera mostrarse valiente ante aquel plañido, ante aquel lloro prolongado y lastimero lleno de desconsuelo
¡La Llorona!; era la exclamación general que precedía al acobardamiento general.
Después, junto con el angustioso lamento de Cihuacóatl, la ciudad se envolvía en temblorosas plegarias; la gente sujetaba rosarios y cruces; medallas y escapularios eran oprimidos contra el pecho, agua bendita rociada en forma de cruz protegía a las casas; los canes hacían más tenebrosa la noche con sus atemorizados aullidos.
Todo México estaba aterrorizado por aquellos angustiosos gemidos. La población daba por cierto que tales sollozos eran cosa del mas allá.
No podía ser un lamento humano el que se hiciera escuchar en toda la ciudad, no podía ser a tal grado lastimero y lúgubre.
Además aseguraban que una mujer envuelta en flotante vestido blanco y con el rostro cubierto sobrevolaba al fino soplo del viento, cruzaba la ciudad; siempre por distintos rumbos, lanzando un tristísimo ¡ayyy…!
Largo, lento, doloroso; otras veces gemía por sus hijos; junto al lastimero llanto alzaba los brazos con desesperada angustia, los retorcía y lloraba por el pueblo vencido.
Los indígenas que sobrevivieron a la destrucción de Tenochtitlan de inmediato identificaron a la mujer que lloraba, era su diosa, su destruida diosa Cihuacóatl, la que lloraba por la suerte del pueblo mexicatl.
Mientras que los mestizos identificaban a “La Llorona” con la Malintzin, que lamentaba la traición que hizo a su pueblo y a su raza.
Para los colonizadores y sus curas, se trataba de una mala mujer que para ocultar un pecado había asesinado a su hijo, fruto de sus amores ilícitos.
Lo cierto es que el terror continuó en las noches de los siglos XVI y XVII.
En la plaza mayor de la ciudad de México, allí donde otrora se levantaba el Templo Mayor de los aztecas, el templo a Huitzilopochtli y Tláloc, el de Quetzalcóatl, la mujer misteriosa se arrodillaba y lanzaba un grito más doloroso, mas lleno de aflicción, siempre mirando al oriente, al rumbo de Mictlancuauhtla, por donde apareció el conquistador blanco.
Se inclinaba al suelo y lloraba con grandes ansias, poniendo su dolor en su alarido largo, penetrante, lúgubre; después, se iba en silencio, despacio, hasta llegar a la orilla del lago, donde penetraba, al parecer flotando entre la bruma; lentamente desaparecía sobre las salobres aguas, desvaneciéndose entre la niebla, cerca de donde se encontraban los bergantines de que se valió Hernán Cortés para vencer al bravo pueblo Tenochca; y ahí lentamente desaparecía…
Era la misma mujer que desde 10 años antes de la llegada de los españoles gritaba:
¡Oh, hijos míos, que ya ha llegado nuestra destrucción!
Sin duda era Cihuacóatl.

CIVILIZACIÓN AZTECA

CIVILIZACIÓN AZTECA
Después de la decadencia de los reinos Tolteca y Chichimeca, entra en la escena mesoamericana, la hegemonía Azteca, los que pertenecían al linaje Nahoa y aunque de un origen humilde, con el tiempo se convertiría en la principal civilización de México.
Su primer rey fue Acamapichtli que reinó en 1376 y cuya estirpe duraría hasta 1521, cuando fue destruida por Hernán Cortés.
Como otras tribus del mismo linaje, los Aztecas llamaban Astland a su lugar de origen pero:
¿Era quizá, una nobleza adquirida de una leyenda robada de alguno de los pueblos conquistados ó de su origen Nahoa?
Según cuentan sus leyendas vendrían de un lugar llamado Chicomoztoc (lugar de 7 cuevas) y después de un largo peregrinaje llegaron al complejo lacustre que existía en el Valle de México donde fundaron su capital llamada Tenochtitlan, la que posteriormente se convertiría en una gran ciudad con cerca de 60,000 edificios, llena de maravillosos palacios, espléndidos templos piramidales y rodeada de palafitos.
La ciudad era una gran urbe de sacerdotes en donde había más altares y aras de sacrificios que en ninguna otra de América.
Era la patria de su feroz dios Huitzilopochtli (que significa pájaro lúgubre) cuya pirámide estaba literalmente cubierta de sangre y casi a diario los oficiantes de su culto vistiendo de negro con sus orejas y lenguas perforadas, subían los peldaños de este enorme y pétreo poliedro para llevar a cabo sacrificios humanos llamados capacocha, en los cuales abrían el pecho a sus víctimas y les sacaban el corazón todavía palpitando.
Así cuando se inauguró el templo en el siglo XV se sacrificaron a 20,000 prisioneros.
Aunque no eran buenos agricultores, pues no contaban con mucho terreno, no obstante fueron los precursores del cultivo hidropónico con sus famosos huertos semiflotantes llamados chinampas y del cultivo de las diversas semillas de colores que iban del pardo al azul y del algodón que ya crecía teñido en diferentes colores.
Entre paréntesis se sabe con certeza, que el algodón americano es el resultado del cruce de su original planta silvestre y la europea.
¿Acaso, sería su dios blanco Quetzalcóatl, quien realizó el cruce entre ambas plantas?
En cuanto a lo referente a su mercado, el antropólogo Pierre Honoré nos cuenta:
“Podía encontrarse en él todo cuanto “el nuevo mundo” producía: y era 3 veces mayor que el de Salamanca.
Los orfebres de Azcapotzalco tenían sus tenderetes junto a los joyeros y alfareros de Cholula, los pintores de Texcoco, los talladores de piedras preciosas de Tenayuca, los cazadores de Xilotepec, los pescadores de Cuitlahuac, los fabricantes de cestos y de sillas de Cuauhtitlán, los floricultores de Xochimilco.
Cada mercancía tenía su puesto en la plaza del mercado, rodeada de grandes pórticos…
“Había extrañas cosas que comprar: peces de oro con minúsculas escamas, pájaros de oro con plumas del mismo metal y cabezas móviles, recipientes de todas clases de madera, barnizados y hasta dorados, hachas de bronce, cascos con figuras de animales, corazas acolchadas para los guerreros, corazas flexibles, espadas mexicanas con hojas de Itzli, navajas de afeitar, espejos de piedra bruñida, pieles y trabajos en cuero de todas clases, animales domésticos y feroces, cestas de fibra de algodón y de agave, de piel…, y esclavos.
Había vendedores de hierbas medicinales, farmacéuticos y hasta barberos, muy atareados, pese a que los indios no tenían nada de barbudos…,
Pero en cambio se afeitaban la cabeza.”
En ésta maravillosa plaza también habría narradores que daban su versión personal de extrañas leyendas como la de Tapi. (El preservador azteca de la Humanidad, después del Diluvio.)
Mitos que hicieron sospechar a los españoles que aquel pueblo, conocía Las Sagradas Escrituras y que probablemente un apóstol habría arribado, en el comienzo de Nuestra Era, a las costas mexicanas.
Aunque la suposición parezca absurda, hay cosas que no pueden soslayarse como:

Asimismo los sacerdotes de Tenochtitlan aseguraban que su dios blanco Quetzalcóatl, había muerto en el año Ce-Acatl y que el mismo año volvería; lo que constituía un lapso de tiempo equivalente a 52 años.
Precisamente de esta manera al principio de un año Ce-Acatl, los hombres de Hernán Cortés arribaron a México el 22 de abril de 1519 y desembarcaron justamente en donde según la leyenda “Quetzalcóatl el dios blanco” había desaparecido, y como si fueran pocas las coincidencias, también llegaba vestido como éste, con capa y sombrero negros.
Debido a ésta leyenda el emperador Moctezuma, temeroso por pensar que los invasores, eran enviados de su dios blanco, fue puesto preso por éstos, y encerrado en el palacio de su primo; Atzayácatl, donde anteriormente, Moctezuma les había alojado “como a grandes señores”, quedando sometido a la voluntad absoluta de los conquistadores, que se ensañaron con la población indígena con toda clase de brutalidades.
Más tarde en un último impulso de rebeldía, y liderados por Cuauhtémoc, los aztecas se sacudieron el yugo conquistador.
Tiempo después según cuenta la leyenda; Moctezuma, el Gran Tlatoani, “El señor de hombres” murió de una pedrada tirada por el populacho y Hernán Cortés fue expulsado de la ciudad.
No obstante más tarde éstos regresaron con cañones y bergantines y no fue sino hasta el 13 de agosto de 1521, cuando los españoles pudieron derrotar a los mexicanos y apoderarse en forma definitiva de la Gran Tenochtitlan.
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CREENCIAS FÚNEBRES ANTIGUAS

CREENCIAS FÚNEBRES ANTIGUAS
Entre las numerosas y extrañas costumbres de los pueblos antiguos, para con sus muertos podemos destacar las siguientes:
Los griegos ponían a un perro de 3 cabezas, llamado el Cancerbero como custodio del Hades (es decir el mundo subterráneo).
Los aztecas transportaban a sus difuntos al más allá, circundando 7 veces un río, al dios Xolotl con cabeza de perro, similar al dios Anubis el “dios de los muertos” egipcio, hasta llegar con el señor del Mictlán (o del reino de los muertos.
En la boca de algunas momias sudamericanas, se ha encontrado una delgada lámina de cobre como si fuese el óbolo destinado al pago al Caronte (el barquero griego), que transportaba en su barca, a los muertos para cruzar la laguna Estigia.
En algunos túmulos funerarios de Tihuanako encontramos un redondo agujero similar al de los sepulcros egipcios, destinado al paso del “pájaro de los muertos”, lo que podría significar el paso de las aves de rapiña o como algunos investigadores suponen, sería algo similar a una leyenda boliviana que nos narra el transporte de gigantes blancos transportados vivos en una enorme ave (¿quizá el pájaro de fuego?), a través de la noche (O el espacio interestelar) hasta el país de los dioses y “De los muertos que volverán”.
La costumbre de los “entierros dobles” era común entre los habitantes de Amazonía, de los antiguos irlandeses, los cretenses y otros pueblos europeos.
Los cadáveres eran primeramente sepultados en un terreno húmedo para acelerar su descomposición
Actualmente ciertos indios del Brasil los encierran en una red de bejucos, sumergiéndolos en corrientes de agua donde las voraces pirañas aceleran rápidamente la tarea.
Luego el esqueleto es sacado, limpiado y pintado de rojo y como dice el investigador Marcel F. Homet:
“Rojo como la sangre vivificadora, rojo como la placenta”
Y tras ello, nuevamente es inhumado.
Como símbolos representativos de la vida después de la muerte, también se pueden encontrar los “yugos” Olmecas y egipcios, además de los “nudos” y las “mariposas”
Entre tanto en la India éste símbolo es el “loto” que también se refleja en ciertos sepulcros precolombinos, especialmente en Chichén-Itzá, Yucatán; donde este símbolo, representado con sus flores, sus flores y el rizoma; se impone en motivos similares a los hindúes, camboyanos e indochinos, incluso las figuras monstruosas que les acompañan como felinos, dragones y monstruos marinos, son iguales.
Por otro lado no se puede determinar a que época se remonta la representación de la planta del Loto asiático en el mundo, pues en Europa ya se encuentra entre los celtas que lo introdujeron del Asia, 2,000 años a. de JC.
Que después la tomaron como símbolo transformándola en la “flor de lis”
Aunque para nosotros este símbolo proviene de la India desde donde se difundió en toda el Asia sudoriental, pero el investigador Marcel F. Homet estima que se trata de un motivo Atlante, mucho más antiguo de lo que podemos imaginar, y su versión podría estar basada en “el disco de Faistos”.
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