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INCREIBLES VIAJES EN EL TIEMPO Y EL ESPACIO (Los extraños sucesos del Palacio de Versalles.)

INCREIBLES VIAJES EN EL TIEMPO Y EL ESPACIO
(Los extraños sucesos del Palacio de Versalles.)
Una cálida tarde de agosto de 1901, 2 maestras inglesas que habían ido a conocer los palacios y jardines de Versalles, antigua residencia de los últimos reyes de Francia, vivieron una extraordinaria experiencia
Un tiempo despues un hecho similar les ocurrió en el año de 1986, ya casi a finales del siglo XX, a otras 2 maestras inglesas cuando estaban de vacaciones también en Francia.
Paseaban conversando animadamente por los hermosos jardines del Palacio de Versalles, cuando de repente notaron como que una bruma extraña envolvía el panorama y súbitamente se encontraron transportadas a otra época, hecho que notaron por el tipo de los jardincillos diferentes a los que estaban visitando, con flores cuyo olor era diferente a los que previamente habían olfateado, y algunas veces se topaban con personajes vestidos a la usanza del siglo XVIII y tocados con tricornios, medias ajustadas y jubones con anchos cinturones y grandes hebillas, todo ello según la moda de aquella época; personajes que se pasaban de largo, como si ellas no existiesen, sin hablarles y sin contestar sus saludos.
Ambas maestras sumamente extrañadas continuaron caminando por aquellos senderos durante algún tiempo, hasta que nuevamente surgió aquella extraña neblina y todo el paisaje así como los personajes tornaron a la normalidad…
¿Qué había sucedido en este caso?
¿Acaso por circunstancias especiales habían viajado a través del tiempo, a otra época?
Este hecho que algunos tildaron de alucinación,
Pero:
¿Realmente sería una alucinación lo que vieron ambas amigas o acaso vivieron un viaje en el tiempo?
¿Y si así fue porque sólo presenciaron escenas de la época anterior a la Revolución Francesa?
Además existen otros casos parecidos como la visión y desaparición de un anciano soldado con uniforme antiguo que vieron en 1928, Claire Burroughs y Anna Lambert, un tiempo después en el año de 1940, la señorita Basset cuando visitaba el pequeño Trianón sufrió una especie de trance y vio diversos personajes que se desvanecieron paulatinamente;
Posteriormente el 21 de mayo de 1955 un abogado inglés y su esposa estando visitando Versalles, bajo una lluvia torrencial vieron corriendo alegremente a 2 personajes con tricornios, medias, zapatillas y trajes del siglo XVIII que llevaban a una alegre mujer por los brazos con vestido antiguo y escotado pero curiosamente ninguno de los 3 se mojaba mientras la pareja aunque iba cubierta con un paraguas recibía un “diluvio”.
¿Qué cosas tan extrañas suceden en ese hermoso Palacio Francés?
¿Será que ciertas personas o en determinadas circunstancias se trasladan en el tiempo y precisamente a la época un poco anterior a la Revolución Francesa?
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PEDRITO JARAMILLO

PEDRITO JARAMILLO
Era un México-norteamericano de Texas que siendo un pequeño dio muestras de tener poderes curativos, según su familia estos provendrían de N.S. Jesucristo que le dijo que curara a los enfermos de las localidades vecinas que obviamente, correspondían a gente sin recursos económicos.
Cuando creció así lo hizo y nunca cobraba por sus servicios y el escaso dinero que le depositaban en un bote le servía para comprar comida y alimentar a los peores y paupérrimos habitantes de Falfurrias en Texas, Estados Unidos de Norteamérica.
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TEPOXTÓN

TEPOXTÓN
Según una leyenda que circula en el Estado de Morelos, éste personaje era un dios que cansado de deambular por el cielo decidió hacerse hombre para sentir en “carne propia” los problemas que los dioses desde su morada hacían sufrir al hombre en la tierra.
La pareja que adoptó como padres eran tan pobres que no pudiendo mantenerlo decidió dejarlo bajo un árbol para que pereciera, al día siguiente fueron a verlo y como seguía vivo, optaron por ponerlo en un hormiguero en donde los insectos le fabricaron un collar de piedras verdes de obsidiana.
Cuando regresaron los supuestos padres y encontrándolo con el collar colgado al cuello, ahora resolvieron colocarlo dentro de una caja de madera y arrojarla al río, esperando que alguien lo rescatase, como efectivamente sucedió.
Una pareja de ancianos que pasaba por el lugar al ver al pequeño en la caja y con el collar de piedras verdes de obsidiana, lo rescataron de la corriente y lo criaron cuidadosamente hasta que se hizo un hombre, quien les dijo que un día les pagaría el favor que le habían hecho al rescatarlo del río.
Efectivamente, un día deambulaba por el lugar un gigante antropófago y al que la gente mantenía alejado del pueblo mediante la entrega de un joven para que se lo comiese y no les molestara a ellos.
Luego de un tiempo llegaron los lugareños y ahora tomaron al viejo y se lo ofrecieron para que lo devorase, pero el dios-hombre Tepoxtón, se ofreció en su lugar y el “ogro” al verle lo levantó y lo metió en un “tenate” (cesto de mimbre) para comerlo mas tarde.
Cuando el gigante tuvo hambre abrió el cesto y se encontró con un tigre en lugar de Tepoxtón, no se atrevió a sacarlo y volvió a cerrar el tenate, más tarde regresó a querer comerlo y al levantar la tapa se encontró con una enorme serpiente, y volvió a cerrar el recipiente.
Cuando tenía mucha hambre el gigante antropófago retornó a levantar la tapa del cesto y ahora si encontró al dios-hombre Tepoxtón, sin pensarlo mucho lo levantó y lo tragó entero, pero éste al estar dentro de las entrañas del monstruo empezó a desgarrarlas con el collar de obsidiana que no eran más que una sarta de cuchillos afilados y con los cuales consiguió abatir al monstruo antropófago, de esta forma salvó al pueblo para siempre de aquella terrible amenaza.
¿Acaso se podría encontrar cierta analogía entre este mito y el de David contra Goliat de la Biblia?
Un tiempo después y cansado de sus correrías por el mundo volvió a su lugar en el cielo y fue adorado por los habitantes del lugar como el dios “Tigre-culebra” ó “Tepoxtón”.
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SALVIA MASCARIA (Hierba santa)

SALVIA MASCARIA
(Hierba santa)
Entre los habitantes de la sierra Mazateca del estado de Oaxaca, México, existe la costumbre de mascar la hierba que es un alucinógeno muy poderoso que produce entre los que la consumen la visión de figuras geométricas de colores, la sensación de que los objetos se vuelven líquidos o coloidales y durante la noche sienten la separación de la mente del cuerpo físico.
Un experimentador británico que masticó la Hierba Santa, bajo estricta vigilancia médica, confundió un árbol con una estatua misteriosa, y tuvo otras alucinaciones, además de otras sensaciones fantasmagóricas por el estilo, etcétera
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Los HONGOS ALUCINÓGENOS y la magia del COLOR VERDE

Los HONGOS ALUCINÓGENOS y la magia del COLOR VERDE
Este champiñón cuyo nombre científico es Psilocybe mexicana zapoteconum tiene el milagroso poder de suscitar visiones de colores, en las que predomina el color verde, el mismo matiz que representa un papel esencial en la vida y la historia de países muy distantes entre sí.
Por ejemplo es el color simbólico del planeta Venus, al igual que lo fuera en el arte sagrado de los mayas, incas y orientales.
En el templo de Chavín, Perú, se yergue la “Columna del Mundo”, que estuvo consagrada al gran rey Naymiap, que regresó volando al cielo de donde trajo ciencia y progreso.
Coincidentemente esta columna está hecha de “serpentina” que es un mineral de color verde.
Tanto en China como en la India, el jade, piedra de color verde, era considerado como un presente de los dioses llegados del cielo y los grandes dioses blancos de los antiguos mexicanos, Zamná, Kukulkán, y Quetzalcóatl, eran seres supuestamente llegados de Venus, y estaban representados tradicionalmente con los ojos y el ombligo incrustados de jade.
Además si atravesamos el océano y llegamos a la vieja Europa veremos a Minerva, la estrella de la mañana, cuyos ojos eran verdes y por tal razón era llamada Minerva Glaucopis.
En el sur de Francia la secta de los Cataros, que se decían poseedores del “grial de la eterna verdad”, poseían una piedra verde caída del cielo.
Y en algunas construcciones megalíticas se han encontrado incrustaciones de piedra verde.
Los cretenses, los fenicios, confeccionaban sus joyas con piedras verdes, de preferencia y algunos historiadores afirman que fueron hasta las orillas de Centroamérica en busca del jade.
Esa misma devoción por las piedras verdes se encuentra en China y en la India.
Se sabe que Lao-Tsé viajó rumbo a un país de Oeste montado en un búfalo de color verde, misma escena que se encuentra muchas veces representada en jade.
También resulta interesante observar que la palabra “verde” figura en el nombre de ciertos lugares y personas.
Por ejemplo conocemos que el nombre de Gröenlandia la enorme isla al este de Canadá significa “Tierra Verde”, no obstante estar cubierta por una enorme capa del hielo.
¿Acaso en un tiempo remoto estuvo cubierta por praderas?
Los antiguos egipcios solían referirse a una “tierra verde”.
Las épicas epopeyas de la corte del Rey Arturo el Caballero Verde.
Además el color verde simboliza a Hiperbórea e Irlanda, también conocida como la verde Erin, de las que nos llegan numerosas tradiciones.
En tales condiciones
¿Porqué no establecer una relación lógica entre los países de Centroamérica, tierra de elección de los dioses identificados con Venus, y el universo verde suscitado por los hongos alucinantes?
¿Acaso el papel que representan esos hongos no es otra cosa que ver el pasado y el futuro, de hacer posible el viaje en el tiempo y en el espacio, hasta el universo habitado por los grandes ancestros?
¿Podemos creer que los dioses llegados al antiguo México hace varios milenios aportaron con ellos el vegetal más fácil de aclimatar, el hongo, que escogieron sagrado, es decir alucinógeno, para permitir a los sacerdotes elevarse artificialmente hasta su nivel de comprensión?
No hay duda de que estos hongos fueron un medio posible y cómodo de establecer una rápida comunicación de espíritu y lenguaje entre los extraterrestres y los habitantes de nuestro planeta, es decir entre hombres superiores e inferiores.
Un día, los últimos iniciados desaparecieron –fue la muerte de los dioses-, y en todos los países del mundo, las -pitonisas, las sibilas, las hechiceras, los adivinos, profetas y sacerdotes, todos los sabios y los conocedores-, se encontraron de pronto privados de la fuente de iniciación.
Buscando la solución del problema siguieron con el único sistema que ya conocían: decidiendo comunicarse con los dioses recurriendo a la ingestión de los hongos sagrados.
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LA LLORONA DE LA NUEVA ESPAÑA

LA LLORONA DE LA NUEVA ESPAÑA
Los conquistadores españoles pronto adoptaron la leyenda de la diosa llorona azteca Cihuacóatl como propia y desde 1550 hablaban de una campesina sorprendentemente hermosa, llamada Luisa, que fue amante de Nuño de Montes Claros, de muy ilustre cuna.
Cuando él le abandonó en su casa de las calles que posteriormente serían llamadas de “La Corregidora” para casarse con una mujer de su propia clase social, la campesina Luisa apuñaló a sus tres hijos como venganza.
Luego horrorizada por lo que había hecho, corrió por las calles, repitiendo los gemidos de su predecesora azteca. ¡Ayyy…!
Según cuenta la leyenda don Nuño de Montes Claros, arrepentido por su vil acción, se suicidó y fue enterrado el mismo día en que Luisa era quemada viva en una plaza de la ciudad de México por el crimen del triple infanticidio.
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CIHUACÓATL (La mujer serpiente)

CIHUACÓATL
(La mujer serpiente)
Era la diosa de la tierra en su doble función creadora y destructora, era también Coatlicue (la diosa madre) que presidía los nacimientos, el renacimiento o la regeneración de la tierra, entre los Mexicatl.
Poco antes de la conquista por los españoles, del emporio lacustre conocido en el mundo antiguo como la gran Tenochtitlan, aparecieron vaticinios y pronósticos de su próxima destrucción, de todo lo cual fue informado oportunamente Moctezuma, el “señor de hombres” ó “Tlatoani” por sus agoreros o “naguales” y sus sacerdotes ó “tecutli”.
Entre tales presagios de “mal agüero” apareció un cometa (augurio de desgracias entre todos los pueblos del orbe), en el cielo de Anáhuac, luego le informaron que habían encontrado un gallo viejo ó “huexólotl”, con un:
¡Espejo en la cabeza en el que se miraba el firmamento o “el citlatómac” con las estrellas brillando!
Más tarde el templo del dios del fuego ó “Xiuhtecuhtli”, se quemó, sus techos de madera y paja ardieron sin ninguna razón aparente, mas tarde la casa del dios guía “Huitzilopochtli” ardió de manera espontánea, sin que nadie le pusiera fuego, tiempo después
“El agua de la laguna que rodeaba la ciudad, se agitó e hirvió”.
El propio “señor de hombres”, meditó sobre tales sucesos, sagrados para él y su pueblo, hechos que presagiaban algo funesto seguramente.
Mientras hechiceros y agoreros trataban de entender su significado, en todo el orbe azteca, existía una expectación general, una inquietud, un temor.
Así pasaban los días, hasta una noche aciaga en que la invencible ciudad de México-Tenochtitlan, la valerosa, la orgullosa, la guerrera; esa ciudad extraordinaria, se conmovió se estremeció, se llenó de angustia, de tal pavor y de tal miedo, que hasta el propio “tlatoani”, cayó presa de tal consternación.
El reposo nocturnal, el silencio y la quietud de la hermosa ciudad lacustre, fueron perturbados, por unos prolongados gritos, unos lamentos llenos de terror, de tristeza y de aflicción, un gemir pleno de dolor y pesadumbre, los sollozos de una mujer, una mujer a la que nadie vio.
El propio Moctezuma convocó a los sacerdotes, a los sabios o “tlamatinime”; entre los que hubo juntas, discusiones, llantos, luego los sacerdotes rezaron a sus dioses, mientras el pueblo ofrecía plegarias y sacrificios en los templos; pero el terror y la congoja, no terminaban, iban creciendo hasta convertirse en una tortura general.
El gran “Señor de hombres” y su pueblo estaban anonadados, pues las conclusiones a que llegaban los agoreros y los sacerdotes, fueron siempre las mismas; se trataba del aviso de los dioses sobre la próxima destrucción del imperio azteca ó “tenochcatlalpan”.
Quizá era el presagio del regreso de “Quetzalcóatl”, el dios blanco de frente amplia, de ojos grandes y de cabellera extensa y clara, de barba larga y redonda, quien gustaba de cuidar las maravillosas flores con delicado perfume de sus jardines…
Tal vez, era el cumplimiento de su profecía hecha al abandonar la ciudad de Tula.
Desde aquella primera noche, cada vez con mas frecuencia, con mayor intensidad y manifestando creciente dolor, se oía a la mujer que lloraba inconsolable, que iba gritando por la noche; dando gritos de angustia y desesperación.
¡Hijitos míos, ya tenemos que irnos lejos!
Y otras veces lastimosamente, decía:
¡Hijitos míos! ¿Adónde los llevaré?
No pasó mucho tiempo sin que los sacerdotes y aún el pueblo, identificaran por su ropa, a la mujer que tan lastimosamente lloraba y gemía en el cielo nocturno de Tenochtitlan, como su diosa “Cihuacóatl”, o la “mujer serpiente”, la diosa madre que presidía los nacimientos, el renacimiento o la regeneración, entre los Náhuatl, mientras que otros pocos la identificaban con “Teoyaominqui” la “vigilante de las almas muertas” y los demás la confundían con “Quilatzli”, la “madre de los gemelos”.
Eran todas juntas ó alguna de todas ellas, la que vestida de blanco hacía los dolorosos recorridos nocturnos llorando y gritando, por la ya muy próxima destrucción de su admirable pueblo, de sus “Hijitos queridos”.
La angustia, la consternación que Moctezuma sufrió ante los funestos presagios y frente al lamento y lloriqueo de Cihuacóatl, le llevó a tratar de encontrar otra explicación, que no fuera, pues no podía ser, la destrucción de México-Tenochtitlan.
No lo decía así, no lo señalaba así la profecía de Quetzalcóatl y menos aún el ofrecimiento de grandeza, de poder, de su exaltación en señores del universo ó “Cemanáhuac”, que les había asegurado su dios Huitzilopochtli.
Aquellos lamentos, aquellos gemidos de “Cihuacóatl”, escuchados por todo el pueblo, que estremecían la ciudad desde sus cimientos hasta los vastos dominios de la tierra Tenochca o “Tenochcatlalpan”, hasta los confines de la tierra Mexicatl o “Mexicatlalpan”, debían tener otra mejor interpretación.
Moctezuma, “El Señor de Hombres”, el “Señor de la Palabra”, el “Tlatoani”, mandó encarcelar en Cuauhcalco (Coacalco) a los brujos “nahualtin”, a los encantadores y a los agoreros para obligarlos a encontrar otro significado que no fuese el predicho, el de la destrucción de la ciudad, del pueblo y de sus dioses…
Y si no hubiese otra interpretación más que ésa, que le permitieran saber oportunamente la forma en que se produciría ese fin.
Lleno de desesperación, de angustia y de temor, enérgicamente, Moctezuma ordenó a “Petlalcálcatl”:
Digan a esos encantadores que declaren alguna cosa; que si vendrá enfermedad, pestilencia, hambre, langosta, terremotos y agua o secura (sequía) de año, si lloverá o no, que lo digan; o si habrá guerra contra los tenochca, contra los mexicatl, o si vendrán muertes súbitas, o muertes por animales venidos, que no me lo oculten; o si han oído llorar a Cihuacóatl, tan nombrada en el Cemanáhuac, en el mundo que cuando ha de suceder algo, lo interpreten primero, aún mucho antes de que suceda…
La consternación se acrecentó días después cuando un cargador o “macehualli”, procedente del oriente, del bosque de la región de los muertos, es decir de “Mictlancuauhtla”, llegó hasta Moctezuma para informar al Tlatoani de la aparición de una casa flotante o barco grande que andaba de una parte a otra y no llegaba a las orillas del mar grande…
¡Y éste mensajero venía de la costa de oriente, es decir por donde habría de retornar Quetzalcóatl!
Según lo había profetizado cuando salió de Tollan; cuándo se inmoló en el oriente; pero no, lo tormentoso no era su procedencia de las cercanías del Cuetlaxcatl, de allá por Chalchiuhcuecan, era que llegaba procedente de Mictlancuauhtla y…
¿Esto tendría relación con la pena, con la aflicción, con el desconsuelo de “Cihualcoatl”?
La tribulación y la zozobra entre las castas sacerdotales, entre los señores y el pueblo mismo se hizo más intensa; el grito plañidero era cada noche más aterrador, más agobiante, más doloroso; el Tlatoani llegó casi a la desesperación, a la incomprensión, cuando pasado algún tiempo, le informaron que:
“…una mujer de nosotros, los de aquí, les viene acompañando; acompaña a esos seres extraños, a los hombres barbudos que montan venados, que vomitan fuego, viene hablando en lengua náhuatl.
Su nombre. Malintzin (Malinche), su casa, Tectipac,
Allá en la costa primeramente la cogieron, ahora les acompaña…
Mientras tanto los nocturnos llantos de Cihuacóatl se prolongaban, se hacían más lastimeros, más tristes, más desconsoladores, era la diosa madre que lloraba la suerte de sus hijos, del pueblo Mexicatl, del Tenochca, de la raza azteca.
Los hombres blancos, los barbudos, aquellos que vestían ropajes con los colores de Huitzilopochtli, de Tláloc, de Xipe y de Quetzalcóatl ascendieron, escalaron las montañas hasta llegar a “Tlaxcallan” (Tlaxcala), allí hablaron, se les juntó la gente; destruyeron “Cholulan” (Cholula), avanzaron hasta llegar a “Ixtapalapan”, (Iztapalapa) los Tlaxcaltecatl (Tlaxcaltecas) les respaldaban, y así prosiguieron su camino hasta México-Tenochtitlan…
Cihuacóatl lloraba con mayor angustia con profundo dolor y tristeza; era inconsolable.
Moctezuma quiso dar por cierto que se trataba de enviados de Quetzalcóatl, tal vez el dios viniera con ellos, pues con ellos venía uno a quien llamaban “Tonatiuh” (El sol).
“El Tlatoani”, (El señor de hombres, El señor de la palabra) Moctezuma en persona salió a recibirles, lo hizo por la calzada de Huitzilopochco (Xochimilco)
Allá los recibió como a dioses.
Recibió a los hombres barbudos y los alojó, los acomodó en las mejores casas de la ciudad, en el palacio de su primo Axayácatl.
Los llevó a los templos, penetraron los recintos sagrados, y los blancos, los recién llegados de oriente, profanaron a los dioses, rompiéndolos y arrojándoles fuera de sus templos porque según argumentaban:
“Esas son obras del demonio”
Entre tanto Cihuacóatl gemía con un dolor indescriptible.
Al conocer de la profanación que los conquistadores habían hecho de sus “dioses”, el pueblo se reveló contra los españoles, y los blancos huyeron…
Pero una mujer descubrió su salida y gritó la alarma, fue un alarido tan angustioso como el de la misma Cihuacóatl, un llamado que se unió al de la diosa madre y se dejó oír por toda la ciudad, por todo Mexicatlalpan.
Huidos los hombres barbudos, así como sus aliados los Tlaxcaltecas, volvió cierta tranquilidad a la gran ciudad, pero ésta sólo era interrumpida por el plañir de la diosa madre, de la diosa Cihuacóatl.
Casi un año después de la partida de los conquistadores, cuando ya hacían 13 años que noche tras noche lloraba Cihuacóatl, nuevamente fue asediada México-Tenochtitlan, de nuevo fue sitiada por los hombres blancos, por los barbudos quienes ahora venían con cañones montados en bergantines construidos en el mismo lago y por los Tlaxcaltecas, pero ahora la ciudad si fue vencida, todo lo destruyeron, los dioses cayeron, rodaron abajo por los peldaños de los templos, muchos se hicieron pedazos, se rompieron; las casas se destruyeron, fueron consumidas por el fuego; todo se acabó.
La ciudad fue abandonada por vencedores y vencidos…
Hubo un mortal silencio; sólo por las noches se escuchaba el llanto triste de una mujer que con gran lamentación sufría la suerte de sus hijos.
La ciudad se reconstruyó, México-Tenochtitlan se transformó, de azteca en española; también cambió su nombre, desde entonces dejó su esotérica doble denominación para llamarse únicamente México.
Todo se transformó, los dioses fueron otros, se cambiaron los templos, los edificios, las calles…
Aún las personas cambiaron sus nombres Náhuatl por hispanos o por moros; y sólo perduró inalterable, incambiable, el profundo, él sin consuelo dolor de Cihuacóatl que, con su plañidero y angustioso grito, gemía por la destrucción de su pueblo, y de su raza.
Los nuevos pobladores, los recién llegados, los hombres blancos, se aterraban al escucharla y pronto la llamaron “La Llorona”.
A través de los años, los largos lamentos seguían escuchándose por la Ciudad de México.
En cuanto sonaba el toque de queda en la Santa Iglesia Catedral, todo mundo echaba los cerrojos, ponía las trancas y fuertes aldabones en las puertas.
Cristos, imágenes y rezos acompañaban a los colonos para protegerse de “La Llorona”, cuyos lamentos hacían estremecer aún a los más valientes.
Después de las 10 de la noche, nadie se atrevía a salir de sus casas. Nadie deseaba ser sorprendido en la calle por los sollozos de Cihuacóatl.
Muchos hombres del pueblo vencido, de los dominados mexicanos, identificaban en el llanto de la mujer fantasma a Malintzin (Malinche), la mujer que traicionó a su raza y a sus dioses para servir a los barbudos y ayudando para la destrucción de su cultura y de su religión.
Fue en el siglo XVI, época en que los hombres se mostraban cobardes y temerosos, las mujeres se desmayaban, los corazones aceleraban su ritmo al escuchar aquel lamento largo, agudo y lúgubre que venía de lejos y se iba acercando poco a poco, siempre cargado de dolor, de un dolor intenso, angustioso, impresionante.
No había ser en la Nueva España que pudiera mostrarse valiente ante aquel plañido, ante aquel lloro prolongado y lastimero lleno de desconsuelo
¡La Llorona!; era la exclamación general que precedía al acobardamiento general.
Después, junto con el angustioso lamento de Cihuacóatl, la ciudad se envolvía en temblorosas plegarias; la gente sujetaba rosarios y cruces; medallas y escapularios eran oprimidos contra el pecho, agua bendita rociada en forma de cruz protegía a las casas; los canes hacían más tenebrosa la noche con sus atemorizados aullidos.
Todo México estaba aterrorizado por aquellos angustiosos gemidos. La población daba por cierto que tales sollozos eran cosa del mas allá.
No podía ser un lamento humano el que se hiciera escuchar en toda la ciudad, no podía ser a tal grado lastimero y lúgubre.
Además aseguraban que una mujer envuelta en flotante vestido blanco y con el rostro cubierto sobrevolaba al fino soplo del viento, cruzaba la ciudad; siempre por distintos rumbos, lanzando un tristísimo ¡ayyy…!
Largo, lento, doloroso; otras veces gemía por sus hijos; junto al lastimero llanto alzaba los brazos con desesperada angustia, los retorcía y lloraba por el pueblo vencido.
Los indígenas que sobrevivieron a la destrucción de Tenochtitlan de inmediato identificaron a la mujer que lloraba, era su diosa, su destruida diosa Cihuacóatl, la que lloraba por la suerte del pueblo mexicatl.
Mientras que los mestizos identificaban a “La Llorona” con la Malintzin, que lamentaba la traición que hizo a su pueblo y a su raza.
Para los colonizadores y sus curas, se trataba de una mala mujer que para ocultar un pecado había asesinado a su hijo, fruto de sus amores ilícitos.
Lo cierto es que el terror continuó en las noches de los siglos XVI y XVII.
En la plaza mayor de la ciudad de México, allí donde otrora se levantaba el Templo Mayor de los aztecas, el templo a Huitzilopochtli y Tláloc, el de Quetzalcóatl, la mujer misteriosa se arrodillaba y lanzaba un grito más doloroso, mas lleno de aflicción, siempre mirando al oriente, al rumbo de Mictlancuauhtla, por donde apareció el conquistador blanco.
Se inclinaba al suelo y lloraba con grandes ansias, poniendo su dolor en su alarido largo, penetrante, lúgubre; después, se iba en silencio, despacio, hasta llegar a la orilla del lago, donde penetraba, al parecer flotando entre la bruma; lentamente desaparecía sobre las salobres aguas, desvaneciéndose entre la niebla, cerca de donde se encontraban los bergantines de que se valió Hernán Cortés para vencer al bravo pueblo Tenochca; y ahí lentamente desaparecía…
Era la misma mujer que desde 10 años antes de la llegada de los españoles gritaba:
¡Oh, hijos míos, que ya ha llegado nuestra destrucción!
Sin duda era Cihuacóatl.

CIVILIZACIÓN AZTECA

CIVILIZACIÓN AZTECA
Después de la decadencia de los reinos Tolteca y Chichimeca, entra en la escena mesoamericana, la hegemonía Azteca, los que pertenecían al linaje Nahoa y aunque de un origen humilde, con el tiempo se convertiría en la principal civilización de México.
Su primer rey fue Acamapichtli que reinó en 1376 y cuya estirpe duraría hasta 1521, cuando fue destruida por Hernán Cortés.
Como otras tribus del mismo linaje, los Aztecas llamaban Astland a su lugar de origen pero:
¿Era quizá, una nobleza adquirida de una leyenda robada de alguno de los pueblos conquistados ó de su origen Nahoa?
Según cuentan sus leyendas vendrían de un lugar llamado Chicomoztoc (lugar de 7 cuevas) y después de un largo peregrinaje llegaron al complejo lacustre que existía en el Valle de México donde fundaron su capital llamada Tenochtitlan, la que posteriormente se convertiría en una gran ciudad con cerca de 60,000 edificios, llena de maravillosos palacios, espléndidos templos piramidales y rodeada de palafitos.
La ciudad era una gran urbe de sacerdotes en donde había más altares y aras de sacrificios que en ninguna otra de América.
Era la patria de su feroz dios Huitzilopochtli (que significa pájaro lúgubre) cuya pirámide estaba literalmente cubierta de sangre y casi a diario los oficiantes de su culto vistiendo de negro con sus orejas y lenguas perforadas, subían los peldaños de este enorme y pétreo poliedro para llevar a cabo sacrificios humanos llamados capacocha, en los cuales abrían el pecho a sus víctimas y les sacaban el corazón todavía palpitando.
Así cuando se inauguró el templo en el siglo XV se sacrificaron a 20,000 prisioneros.
Aunque no eran buenos agricultores, pues no contaban con mucho terreno, no obstante fueron los precursores del cultivo hidropónico con sus famosos huertos semiflotantes llamados chinampas y del cultivo de las diversas semillas de colores que iban del pardo al azul y del algodón que ya crecía teñido en diferentes colores.
Entre paréntesis se sabe con certeza, que el algodón americano es el resultado del cruce de su original planta silvestre y la europea.
¿Acaso, sería su dios blanco Quetzalcóatl, quien realizó el cruce entre ambas plantas?
En cuanto a lo referente a su mercado, el antropólogo Pierre Honoré nos cuenta:
“Podía encontrarse en él todo cuanto “el nuevo mundo” producía: y era 3 veces mayor que el de Salamanca.
Los orfebres de Azcapotzalco tenían sus tenderetes junto a los joyeros y alfareros de Cholula, los pintores de Texcoco, los talladores de piedras preciosas de Tenayuca, los cazadores de Xilotepec, los pescadores de Cuitlahuac, los fabricantes de cestos y de sillas de Cuauhtitlán, los floricultores de Xochimilco.
Cada mercancía tenía su puesto en la plaza del mercado, rodeada de grandes pórticos…
“Había extrañas cosas que comprar: peces de oro con minúsculas escamas, pájaros de oro con plumas del mismo metal y cabezas móviles, recipientes de todas clases de madera, barnizados y hasta dorados, hachas de bronce, cascos con figuras de animales, corazas acolchadas para los guerreros, corazas flexibles, espadas mexicanas con hojas de Itzli, navajas de afeitar, espejos de piedra bruñida, pieles y trabajos en cuero de todas clases, animales domésticos y feroces, cestas de fibra de algodón y de agave, de piel…, y esclavos.
Había vendedores de hierbas medicinales, farmacéuticos y hasta barberos, muy atareados, pese a que los indios no tenían nada de barbudos…,
Pero en cambio se afeitaban la cabeza.”
En ésta maravillosa plaza también habría narradores que daban su versión personal de extrañas leyendas como la de Tapi. (El preservador azteca de la Humanidad, después del Diluvio.)
Mitos que hicieron sospechar a los españoles que aquel pueblo, conocía Las Sagradas Escrituras y que probablemente un apóstol habría arribado, en el comienzo de Nuestra Era, a las costas mexicanas.
Aunque la suposición parezca absurda, hay cosas que no pueden soslayarse como:

Asimismo los sacerdotes de Tenochtitlan aseguraban que su dios blanco Quetzalcóatl, había muerto en el año Ce-Acatl y que el mismo año volvería; lo que constituía un lapso de tiempo equivalente a 52 años.
Precisamente de esta manera al principio de un año Ce-Acatl, los hombres de Hernán Cortés arribaron a México el 22 de abril de 1519 y desembarcaron justamente en donde según la leyenda “Quetzalcóatl el dios blanco” había desaparecido, y como si fueran pocas las coincidencias, también llegaba vestido como éste, con capa y sombrero negros.
Debido a ésta leyenda el emperador Moctezuma, temeroso por pensar que los invasores, eran enviados de su dios blanco, fue puesto preso por éstos, y encerrado en el palacio de su primo; Atzayácatl, donde anteriormente, Moctezuma les había alojado “como a grandes señores”, quedando sometido a la voluntad absoluta de los conquistadores, que se ensañaron con la población indígena con toda clase de brutalidades.
Más tarde en un último impulso de rebeldía, y liderados por Cuauhtémoc, los aztecas se sacudieron el yugo conquistador.
Tiempo después según cuenta la leyenda; Moctezuma, el Gran Tlatoani, “El señor de hombres” murió de una pedrada tirada por el populacho y Hernán Cortés fue expulsado de la ciudad.
No obstante más tarde éstos regresaron con cañones y bergantines y no fue sino hasta el 13 de agosto de 1521, cuando los españoles pudieron derrotar a los mexicanos y apoderarse en forma definitiva de la Gran Tenochtitlan.
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CREENCIAS FÚNEBRES ANTIGUAS

CREENCIAS FÚNEBRES ANTIGUAS
Entre las numerosas y extrañas costumbres de los pueblos antiguos, para con sus muertos podemos destacar las siguientes:
Los griegos ponían a un perro de 3 cabezas, llamado el Cancerbero como custodio del Hades (es decir el mundo subterráneo).
Los aztecas transportaban a sus difuntos al más allá, circundando 7 veces un río, al dios Xolotl con cabeza de perro, similar al dios Anubis el “dios de los muertos” egipcio, hasta llegar con el señor del Mictlán (o del reino de los muertos.
En la boca de algunas momias sudamericanas, se ha encontrado una delgada lámina de cobre como si fuese el óbolo destinado al pago al Caronte (el barquero griego), que transportaba en su barca, a los muertos para cruzar la laguna Estigia.
En algunos túmulos funerarios de Tihuanako encontramos un redondo agujero similar al de los sepulcros egipcios, destinado al paso del “pájaro de los muertos”, lo que podría significar el paso de las aves de rapiña o como algunos investigadores suponen, sería algo similar a una leyenda boliviana que nos narra el transporte de gigantes blancos transportados vivos en una enorme ave (¿quizá el pájaro de fuego?), a través de la noche (O el espacio interestelar) hasta el país de los dioses y “De los muertos que volverán”.
La costumbre de los “entierros dobles” era común entre los habitantes de Amazonía, de los antiguos irlandeses, los cretenses y otros pueblos europeos.
Los cadáveres eran primeramente sepultados en un terreno húmedo para acelerar su descomposición
Actualmente ciertos indios del Brasil los encierran en una red de bejucos, sumergiéndolos en corrientes de agua donde las voraces pirañas aceleran rápidamente la tarea.
Luego el esqueleto es sacado, limpiado y pintado de rojo y como dice el investigador Marcel F. Homet:
“Rojo como la sangre vivificadora, rojo como la placenta”
Y tras ello, nuevamente es inhumado.
Como símbolos representativos de la vida después de la muerte, también se pueden encontrar los “yugos” Olmecas y egipcios, además de los “nudos” y las “mariposas”
Entre tanto en la India éste símbolo es el “loto” que también se refleja en ciertos sepulcros precolombinos, especialmente en Chichén-Itzá, Yucatán; donde este símbolo, representado con sus flores, sus flores y el rizoma; se impone en motivos similares a los hindúes, camboyanos e indochinos, incluso las figuras monstruosas que les acompañan como felinos, dragones y monstruos marinos, son iguales.
Por otro lado no se puede determinar a que época se remonta la representación de la planta del Loto asiático en el mundo, pues en Europa ya se encuentra entre los celtas que lo introdujeron del Asia, 2,000 años a. de JC.
Que después la tomaron como símbolo transformándola en la “flor de lis”
Aunque para nosotros este símbolo proviene de la India desde donde se difundió en toda el Asia sudoriental, pero el investigador Marcel F. Homet estima que se trata de un motivo Atlante, mucho más antiguo de lo que podemos imaginar, y su versión podría estar basada en “el disco de Faistos”.
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EL MITRAISMO

EL MITRAISMO
TOMADO DE WIKIPEDIA

Mitra y el toro, fresco de la ciudad de Marino (Italia).
Se denomina mitraísmo o misterios de Mitra (en persa: مهرپرستی ) a una religión mistérica muy difundida en el Imperio romano entre los siglos I y IV d, de  JC. en que se rendía culto a una divinidad llamada Mitra y que tuvo especial implantación entre los soldados romanos.
Existen testimonios materiales de la práctica de esta religión en numerosos lugares del antiguo Imperio romano: en Roma y en Ostia, así como en Mauritania, Britania y las provincias fronterizas a lo largo del río Rhin y del Danubio, consistentes en restos de templos, inscripciones y obras de arte que representan al dios u otros aspectos de la religión.
Frente a esta relativa abundancia de restos arqueológicos, son muy escasas las referencias en textos clásicos a esta religión.
Los orígenes de esta religión no se conocen de forma precisa, aunque los estudiosos coinciden en afirmar que llegó al mundo romano desde Oriente, concretamente desde Asia Menor. 
La práctica del mitraísmo, como la de todas las religiones paganas, fue declarada ilegal en el año 391 por el emperador Teodosio.

Orígenes del mitraísmo 
Según Franz Cumont, en su estudio publicado a comienzos del siglo XX, el origen del mitraísmo se encuentra en el antiguo Irán.
De hecho, Mithra  es una divinidad indoirania cuyo origen puede remontarse hasta el II milenio a, de JC.: su nombre es mencionado por primera vez en un tratado entre los hititas y los mitani, escrito hacia el 1400 a, de. JC.
En la India, figura en los himnos védicos como dios de la luz, asociado a Váruna.
En los Avesta iranios es un dios benéfico, colaborador de Ahura Mazda, y recibe el sobrenombre de «juez de las almas».
Es posible que su culto llegase a Occidente desde Irán gracias a la difusión del zoroastrismo, del que sería una especie de herejía.
Sin embargo, los estudios actuales del mitraísmo tienden a considerar que no puede admitirse una filiación directa entre el Mitra indoiranio y el del mitraísmo, al que a veces denominan Mitras o Mithras, usando la forma griega de su nombre para diferenciarle del primero.

Principios del mitraísmo 
La información existente sobre el mitraísmo (bastante fragmentaria) se refiere a su práctica durante el Bajo Imperio Romano.
Era una religión mistérica, de tipo iniciático, basada en la transmisión oral y ritual de iniciado a iniciado, y no en un cuerpo de escrituras sagradas.
Recoge las concepciones dualistas de origen mazdeísta (zervanismo).
Como en todas las religiones mistéricas, los adeptos estaban obligados a mantener en secreto los rituales del culto.
Por todo ello, la documentación escrita concerniente al mitraísmo es prácticamente inexistente.
El estudio de esta religión se ha basado sobre todo en la iconografía que decoraba los mitreos.

El mitreo 
El culto de Mitra se realizaba en templos denominados mitreos (latín mithraeum, pl. mithraea).
Estos espacios eran en un principio cavernas naturales, y, más adelante, construcciones artificiales imitándolas, oscuras y carentes de ventanas.
Tenían una capacidad limitada; la mayor parte de ellos no podían acoger a más de 30 ò 40 personas.
En un mitreo típico pueden distinguirse 3 partes:
la antecámara
el ªspelaeum o spelunca (la cueva), alargada sala rectangular decorada con pinturas y 2 largas banquetas a lo largo cada una de las paredes para los banquetes sagrados;
el santuario, en el extremo de la cueva, en el que estaban el altar y la imagen -en pintura, bajorrelieve o estatua exenta- de Mitra dando muerte al toro, conocida como Mitra Tauróctonos.
Se han encontrado mitreos en muchos de los países que pertenecieron al Imperio romano.
Algunos han sido convertidos en criptas bajo iglesias cristianas.
La mayor concentración de mitreos se encuentra en la capital, Roma, pero también se han descubierto en lugares tan distantes entre sí como el norte de Inglaterra y Palestina.
Su distribución por la geografía del Imperio está en relación con los cuarteles e instalaciones militares.

Mitología e iconografía 
No hay textos sobre el mitraísmo escritos por los propios adeptos, por lo que las únicas fuentes para conocer esta religión son las imágenes sagradas encontradas en los mitreos.
1. Relato mítico
Según el relato que ha podido reconstruirse a partir de las imágenes de los mitreos y los escasos testimonios escritos, el dios Mitra nació cerca de un manantial sagrado, bajo un árbol sagrado, de una roca (la petra generatrix; Mitra es llamado de petra natus).
Esto enlaza con las tradiciones armenias de la cueva de Meher (Mitra).
En el momento de su nacimiento llevaba el gorro frigio, una antorcha y un cuchillo.
Fue adorado por pastores poco después de su nacimiento.
Bebió agua del manantial sagrado.
Con su cuchillo, cortó el fruto del árbol sagrado, y con las hojas de ese árbol confeccionó su ropa.
Encontró al toro primordial cuando pastaba en las montañas.
Lo agarró por los cuernos y lo montó, pero, en su galope salvaje, la bestia lo hizo desmontar.
Sin embargo, Mitra siguió aferrado a sus cuernos, y el toro lo arrastró durante mucho tiempo, hasta que el animal quedó exhausto.
El dios lo agarró entonces por sus patas traseras, y lo cargó sobre sus hombros.
Lo llevó, vivo, soportando muchos padecimientos, hasta su cueva.
Este viaje de Mitra con el toro sobre sus hombros se denomina transitus.
Cuando Mitra llegó a la cueva, un cuervo enviado por el Sol le avisó que debía realizar el sacrificio, y el dios, sujetando al toro, le clavó el cuchillo en el flanco.
De la columna vertebral del toro salió trigo, y vino de su sangre.
Su semen, recogido y purificado por la luna, produjo animales útiles para el hombre.
Llegaron entonces el perro, que se alimentó del grano, el escorpión, que aferró los testículos del toro con sus pinzas, y la serpiente.
2. Iconografía

Mitra matando al toro escultura del Museo Británico,
perteneciente a la Tauroctonía.

Algunas pinturas muestran a Mitra transportando una roca a su espalda, como Atlas en la mitología griega, o portando una capa cuyo forro interior representa el cielo estrellado.
Cerca de un mitreo próximo a la Muralla de Adriano se halló una estatua de bronce de Mitra emergiendo de un anillo zodiacal en forma de huevo, hoy conservada en la Universidad de Newcastle.
Una inscripción encontrada en Roma sugiere que Mitra podría identificarse con el dios creador del orfismo, Fanes, quien surgió del huevo cósmico al principio del tiempo, dando existencia al universo.
Refuerza esta opinión un bajorrelieve del Museo Estense, en Módena, donde se ve a Fanes surgiendo de un huevo, rodeado de los 12 signos del Zodiaco, en una imagen muy similar a la conservada en Newcastle.
La imagen central del mitraísmo es la tauroctonía, o Mitra Tauróctonos, que representa el sacrificio ritual por Mitra del toro sagrado.
Esta representación tiene elementos iconográficos fijos: Mitra aparece tocado con un gorro frigio y mira a su víctima con compasión; en muchas representaciones, la cabeza de Mitra al tiempo del sacrificio del toro se gira hacia atrás como si cumpliese la inmolación a disgusto.
Inclinado sobre el toro, lo degüella con un cuchillo sacrificial; de la herida del toro mana grano; junto al toro, figuran varios animales: un escorpión, que aprieta con sus pinzas los testículos del toro; una serpiente; un perro, que se alimenta del grano que brota de la herida; y un cuervo.
A veces aparecen también un león y una copa.
La imagen está flanqueada por 2 personajes portadores de antorchas, llamados Cautes y Cautópates, en los que se ha apreciado por algunos autores la doble epifanía de Mitra.
La escena aparece situada en una especie de cueva, tal vez la representación del propio mitreo, o, según algunas interpretaciones, del cosmos, al estar presentes el sol y la luna.
3. Interpretaciones
Franz Cumont, autor de un estudio clásico sobre la religión de Mitra, interpreta esta imagen a la luz de la mitología irania.
Vincula la imagen con textos que se refieren al sacrificio de un toro por Ahriman, el dios del mal; de los sangrientos restos del toro nacerían después todos los seres.
Según la hipótesis de Franz Cumont, Ahrimán sería después sustituido por Mitra en el relato mítico, y en esta forma habría llegado al Mediterráneo oriental.

Estatua de Mitra en los Museos Vaticanos.
David Ulansey lanzó una explicación radicalmente diferente de la imagen de Mitra Tauróctonos, basada en el simbolismo astrológico.
Según su teoría, la imagen del Tauróctonos es la representación de Mitra como un dios tan poderoso que es capaz de transformar el orden mismo del Universo.
El toro sería el símbolo de la constelación de Tauro.
En los comienzos de la astrología, en Mesopotamia, entre el 4000 y el 2000 a., de JC., el Sol estaba en Tauro durante el equinoccio de primavera.
Debido a la precesión de los equinoccios el Sol está en el equinoccio de primavera en una constelación diferente cada 2.160 años, aproximadamente, por lo que pasó a estar en Aries hacia el año 2000 a, de JC., marcando el final de la era astrológica de Tauro.
El sacrificio del toro por Mitra simbolizaría este cambio, causado, según los creyentes, por la omnipotencia de su dios.
Esto estaría en consonancia con los animales que figuran en las imágenes de Mitra Tauróctonos: el perro, la serpiente, el cuervo, el escorpión, el león, la copa y el toro se interpretan como las constelaciones de Canis Minor, Hydra, Corvus, Escorpio, Leo, Acuario y Tauro, todas ellas en el ecuador celeste durante la era de Tauro.
La hipótesis explicaría también la profusión de imágenes zodiacales en la iconografía mitraica.
La precesión de los equinoccios fue descubierta y estudiada por el astrónomo Hiparco de Nicea en el siglo II a, de JC.
Otra interpretación considera que el sacrificio del toro representa la liberación de la energía de la Naturaleza.
La serpiente, como en el símbolo del Ouroboros, sería una alusión al ciclo de la vida; el perro representaría a la Humanidad, alimentándose simbólicamente del sacrificio, y el escorpión podría ser el símbolo de la victoria de la muerte.
Los 2 compañeros de Mitra, que portan teas y se llaman Cautes y Cautópates, representarían respectivamente la salida y la puesta del sol.
Para los fieles, el sacrificio del toro tenía sin duda un carácter salvífico, y la participación en los misterios garantizaba la inmortalidad.
Niveles de iniciación 
En el mitraísmo existían 7 niveles de iniciación, que pueden estar relacionados con los 7 planetas de la astronomía de la época (Luna,Mercurio, Venus, Sol, Marte, Júpiter y Saturno), en este mismo orden, según la interpretación de Joseph Campbell.
La mayoría de los miembros llegaban sólo el cuarto grado (leo), y sólo unos escogidos accedían a los rangos superiores.
Los niveles, conocidos gracias a un texto de San Jerónimo que confirman varias inscripciones, eran los siguientes:
Corax (cuervo);
Cryphius (κρύφιος) (oculto). Otros autores interpretan este rango como Nymphus (esposo);
Miles (soldado). Sus atributos eran la corona y la espada;
Leo (león). En los rituales presentaban a Mitra las ofrendas de los sacrificios;
Perses (persa);
Heliodromus (emisario solar). Sus atributos eran la antorcha, el látigo y la corona;.
Pater (padre). Sus atributos (el gorro frigio, la vara y el anillo) recuerdan a los del obispo cristiano.
En los ritos, los iniciados llevaban máscaras de animales relativas a su nivel de iniciación y se dividían en 2 grupos: los servidores, por debajo del grado de leo y los participantes, el resto.
Los rituales 
Para la reconstrucción de los rituales mitraicos, se cuenta únicamente con los textos de los Padres de la Iglesia que critican el mitraísmo, y de la iconografía encontrada en los mitreos.
Las mujeres estaban excluidas de los misterios de Mitra.
En cuanto a los varones, parece que no se requería una edad mínima para ser admitido, e incluso fueron iniciados varios niños.
La lengua utilizada en los rituales era el griego, con algunas fórmulas en persa (seguramente incomprensibles para la mayoría de los fieles), aunque progresivamente se fue introduciendo el latín.

El banquete de Mitra en un bajorrelieve
que se conserva en el Museo del Louvre.
Parece ser que el rito principal de la religión mitraica era un banquete ritual, que pudo tener ciertas similitudes con la eucaristía del cristianismo.
Según el comentarista cristiano Justino, los alimentos ofrecidos en el banquete eran pan y agua, pero los hallazgos arqueológicos apuntan a que se trataba de pan y vino, como en el rito cristiano.
Esta ceremonia se celebraba en la parte central del mitreo, en la que 2 banquetas paralelas ofrecían espacio suficiente para que los fieles pudieran tenderse, según la costumbre romana, para participar del banquete.
Los Cuervos (Corax) desempeñaban la función de servidores en las comidas sagradas.
El rito incluía también el sacrificio de un toro.
También se sacrificaban otros animales.
La estatua de Mitra Tauróctonos desempeñaba sin duda un papel en estos ritos, aunque no está muy claro cuál.
En algunos mitreos se han descubierto pedestales giratorios, que permitirían mostrar y ocultar alternativamente la imagen a los fieles.
En algún momento de la evolución del mitraísmo, se utilizó también el rito del tauroboliumo bautismo de los fieles con la sangre de un toro, practicado también por otras religiones orientales.
Conocemos por Tertuliano la severa condena cristianas a estas prácticas.
Otros ritos debieron estar relacionados con las ceremonias de iniciación.
Gracias a Tertuliano, se conoce el rito de iniciación del Soldado (Miles): el candidato era «bautizado» (probablemente por inmersión), se le marcaba con un hierro candente y por último se le probaba mediante el «rito de la corona»
(Se le colocaba la corona en la cabeza, y el neófito debía dejarla caer, proclamando que Mitra era su corona).
Posteriormente los iniciados asistían a una muerte ritual y simulada, en la que el oficiante era un pater, posiblemente ligada a la reencarnación como último paso de la ceremonia iniciática.
En el grado de Leo, sabemos por Porfirio que se colocaba miel en la lengua de los recién nacidos y que esta práctica procede del culto iranio en la que la miel representaba la luna.
Para los iniciados mayores se vertía la miel sobre las manos y éstos la lamían como señal de comunión.
Seguramente, cada nivel de iniciación tendría su propio ritual.
Festividades
El 25 de diciembre (coincidiendo aproximadamente con el solsticio de invierno) se conmemoraba el nacimiento de Mitra.
También eran sagrados los días 16 de cada mes.
Los adeptos de Mitra santificaban también el domingo, día del Sol.

Historia del mitraísmo 
Antes de Roma 
En la Persia aqueménida, la religión de la Persia aquemémida (550-331 a, de JC.) es poco conocida.
Las fuentes son escasas, y provienen sobre todo de los sectores ligados a la realeza.
Por lo tanto, lo que se puede reconstruir es una religión de Estado condicionada por el poder real y sus necesidades ideológicas.
Lo que se conoce de la religión de la realeza aqueménida presenta puntos en común con el zoroastrismo posterior, pero se discute si dicho término es apropiado.
 No obstante la religión oficial era el zoroastrismo, que postula la existencia de un único dios, Ahura Mazda.
Esta divinidad es la única mencionada en las inscripciones que se conservan de la época de Darío el Grande (521-485 a, de JC.).
Sin embargo, se conserva una inscripción, hallada en Susa, de la época de Artajerjes II (404-358 a, de JC.), en la que se menciona a Mitra junto a Ahura Mazda y a otra deidad llamada Anahita.

Moneda con el rostro de Mitrídates VIdel 
Reino del Ponto, también apodado Eupator.
¿Existe vinculación entre este Mitra persa, y sus antecesores indoiranios, y el de la religión mistérica del Imperio Romano?
Así lo creyó el iniciador de los estudios sobre la religión mitraica, Franz Cumont, pero en la actualidad la cuestión dista de estar clara.
Un posible indicio de la vinculación entre el Mitra persa y el romano puede encontrarse en los reinos de Partia y el Reino del Ponto, muchos de cuyos reyes llevaron el nombre de Mitrídates, quizá relacionado etimológicamente con Mitra.
Por otro lado, en Pérgamo, en Asia Menor, escultores griegos produjeron los primeros bajorrelieves con la imagen de Mitra Tauróctonos.
Aunque el culto de Mitra no tuvo apenas difusión en la Hélade, estas imágenes marcan tal vez el camino de Mitra hacia Roma.
La primera referencia en la historiografía grecorromana al culto de Mitra se encuentra en la obra del historiador Plutarco, quien menciona que los piratas de Cilicia celebraban ritos secretos relacionados con Mitra en el año 67 a, de  JC.

El mitraísmo en el Alto Imperio Romano 
Es probable que los introductores del mitraísmo en el Imperio romano fueran los legionarios que habían servido a Roma en las fronteras orientales del Imperio.
Las primeras evidencias materiales del culto de Mitra datan del año 71 o 72 de nuestra era: se trata de unas inscripciones hechas por soldados romanos que procedían de la guarnición de Carnuntum, en la provincia de Panonia Superior, y que probablemente habían estado antes en Oriente, en guerra contra los partos y en los disturbios de Jerusalén.
Hacia el año 80 de nuestra era, el autor romano Estacio menciona la escena de la tauroctonía en su Tebaida (I, pags. 719,720). 
Plutarco, en su Vida de Pompeyo, deja claro que el culto de Mitra era ya conocido en su época.
A finales del siglo II el mitraísmo estaba ampliamente difundido en el ejército romano, así como entre burócratas, mercaderes y hasta entre los esclavos.
La mayor parte de las evidencias arqueológicas proceden de las fronteras germanas del Imperio.
Pequeños objetos de culto relacionados con Mitra se han encontrado en excavaciones arqueológicas desde Rumania hasta la Muralla de Adriano.

El mitraísmo en el Bajo Imperio 
Los emperadores del siglo III fueron en general protectores del mitraísmo, porque su estructura fuertemente jerarquizada les servía para reforzar su propio poder.
Así, Mitra se convirtió en el símbolo de la autoridad y el triunfo de los emperadores.
Desde la época de Cómodo, que se inició en sus misterios, los adeptos del culto procedían de todas las clases sociales.
Numerosos mitreos han sido hallados en las guarniciones de frontera del imperio.
En Inglaterra, han sido identificados al menos 3, a lo largo del Muro de Adriano, en Housesteads, Carrawburgh y Rudchester.
Restos de otro mitreo han sido descubiertos en Londres.
Otros santuarios de Mitra erigidos en esta época se encuentran en la provincia de Dacia (donde se halló en 2003 un mitreo en Alba-Tulia), y en Numidia, en el norte de África.
La mayor concentración de mitreos, sin embargo, se encuentra en la propia Roma, y en la cercana ciudad portuaria de Ostia, con un total de 12 templos identificados, aunque posiblemente existieron varios centenares.
La importancia del mitraísmo en Roma puede juzgarse a partir de los hallazgos: más de 75 piezas escultóricas, un centenar de inscripciones, y ruinas de templos y santuarios por toda la ciudad y sus suburbios.
Uno de los mitreos más destacados, que conserva el altar y los bancos de piedra, se construyó originalmente bajo una casa romana (lo que parece haber sido una práctica habitual) y sobrevive en la cripta sobre la que se construyó la Basílica de San Clemente, en Roma.
Difusión y espacio religioso del mitraísmo 
En el periodo de máximo esplendor, se considera que el mayor número de templos mitraicos en Roma no era superior a 100, y que cada uno de ellos no tenía más que un centenar de fieles, por lo que el volumen de practicantes se reduciría a unos 10,000 en la metrópoli.
La importancia otorgada al mitraismo en el Imperio romano viene dada por su abierta competencia con el cristianismo y su condición de religión militar fuertemente implantada en las legiones, más que por el número de adeptos.
Final del mitraísmo 
A finales del siglo III se produjo un sincretismo entre la religión mitraica y ciertos cultos solares de procedencia oriental, que cristalizaron en la nueva religión del Sol Invictus.
Dicha religión fue establecida como oficial en el Imperio en el año 274, por el emperador Aureliano, quien erigió en Roma un espléndido templo dedicado a la nueva divinidad, y creó un cuerpo estatal de sacerdotes para rendirle culto, cuyo máximo dirigente llevaba el título de pontifex solis invicti.
Aureliano atribuyó a Sol Invictus o Sol Yemus” (en alusión al dios semita Yemo, cuyo culto se mezcló con el de Mitra en el siglo VII a, de JC. como consecuencia de unas guerras entre los nómades semitas del Urartú y los persas indoiranios) sus victorias en Oriente.
Este sincretismo, sin embargo, no conllevó la desaparición del mitraísmo, que siguió existiendo como culto no oficial.
Muchos de los senadores de la época profesaron al tiempo el mitraísmo y la religión del Sol Invictus.
Sin embargo, este período marcó el comienzo de la decadencia del mitraísmo, a causa de las pérdidas territoriales que el Imperio sufrió como consecuencia de las invasiones de pueblos bárbaros, y que afectaron a territorios fronterizos donde el culto estaba muy arraigado.
La competencia del Cristianismo, apoyado por Constantino, robó adeptos al mitraísmo.
Hay que tener en cuenta que el mitraísmo excluía a las mujeres, que sí tenían derecho a participar en el culto cristiano.
El Cristianismo desplazó al mitraísmo durante el siglo IV, hasta convertirse en la única religión oficial del Imperio con Teodosio (379-395).
Hubo algunos intentos de revitalizar el culto de Mitra por parte de Juliano el Apóstata (361-363) y del usurpador Eugenio (392-394), pero no tuvieron demasiado éxito.
El mitraísmo quedó formalmente prohibido desde el año 391, aunque probablemente su práctica clandestina se mantuvo durante algunas décadas.
El mitraísmo sobrevivió aún hasta entrado el siglo V en algunas regiones de los Alpes, y volvió a la vida, tenaz pero efímeramente, en las regiones orientales del Imperio, donde se había originado.
Sus conceptos dualistas tuvieron un importante papel en el desarrollo del maniqueísmo, religión que resultaría otra dura competidora para los Cristianos.

Similitudes con religiones modernas
Los estudios arqueológicos e históricos recientes han estado mostrando que durante los tiempos precristianos existían en Egipto, regiones del centro de Asia y el Mediterráneo varias corrientes religiosas con un núcleo de miembros formando sociedades secretas practicando ritos en los cuales se usaban simbologías basadas en las posiciones de las constelaciones, los planetas, el sol y la luna.
Unos enfocados en el sol, otros en algún arreglo de las constelaciones, otros enfocados en planetas, etc.
Es también posible que tales sociedades secretas antiguas hayan tenido una raíz común en aquellos que estudiaban y registraban el movimiento de las estrellas.
Ellas proporcionaron muchas de las alegorías que todavía se utilizan en las religiones abiertas y cerradas modernas, e incluso en instituciones no religiosas como la masonería.

Similitudes con el Cristianismo 
Morfológicamente, el Cristianismo es una religión entretejida de misterios, carácter éste muy esfumado hoy en día por influencia de la cristiandad medieval pero que en la antigüedad cristiana estaba muy acentuado.
En la antigüedad, en el Cristianismo, las verdades que atañían a la fe no debían divulgarse sin precauciones y la participación en las ceremonias estaba reservada exclusivamente a los iniciados.
Aunque este tema aún no se halla esclarecido del todo, según M. G. Hocquard, sabemos que solamente la iluminación bautismal iniciaba en los misterios cristianos que se mantenían así en reserva, inaccesibles, sin ser por ello del todo secretos.
Entre 1913 y 1914 el sacerdote, padre, teólogo católico, filósofo e historiador francés, Alfred Loisy, profesor en el Collège de France, publicó sus estudios sobre el origen del cristianismo en la Revue d’histoire et de Littérature religieuses.
En 1919 los publicó en formato de libro con el nombre de Los misterios paganos y el misterio cristiano.
La primera edición se agotó rápidamente y hubo que reimprimirla luego que Alfred Loisy la revisara y corrigiera.
En su libro Alfred Loisy realizó una discusión profunda y minuciosa de los testimonios concernientes hasta esa época sobre las religiones de los misterios paganos y su influencia en los orígenes históricos del cristianismo.
Estas cuestiones ya habían sido planteadas por R. Reitzenstein en su libro Die hellenistischen Mysterierreligionen (Leipzig, Teubner, 1820) y el tema se había debatido en el Congreso de historia de la religiones reunido en Leyden en setiembre de 1912.
La hipótesis que Alfred Loisy formula es que en sus primeras épocas el cristianismo fue una economía de salvación análoga a los cultos de los misterios paganos, frente a los cuales rivalizó durante mucho tiempo para finalmente lograr vencerlos.
Los primeros pensadores cristianos fueron judíos helenizantes que vivían en un mundo pagano, por eso sus primeras teorías tienen una base teórica judía teñida de rituales propios del paganismo.
Considera que el cristianismo es más o menos una adaptación de los elementos esenciales de los misterios paganos al monoteísmo judío de esos siglos.
El trabajo interior de la consciencia religiosa es preparado y condicionado por una tradición religiosa anterior, no el producto de experiencias religiosas absolutamente independientes que tendrían en si mismas toda su explicación. Similitudes con el cristianismo:
El mitraísmo tenía rasgos de profundo simbolismo moral;
era un culto totalmente cerrado, cofradía, que en eso recuerda al cristianismo de los primeros siglos, con sus agrupamientos exclusivos y su culto enteramente secreto;
el secreto del mitraísmo no era la fe sino los ritos. Ritos de sacrificio y mitos de sacrificio como en el cristianismo (Cristo entregado a la muerte para borrar los pecados de los hombres);
las cofradías de Mitra admitían solamente varones y no mujeres quienes no participaban en las funciones del culto;
los reyes honraban a Mitra, lo tomaban como testimonio de sus juramentos y lo invocan en los combates;
la trinidad cristiana (a diferencia del dios único del judaísmo) se asemeja a la trinidad de los cultos politeistas mitríacos (Padre Zeus-Ormazd, Mitra y toro).;
Zeus-Ormazd (el Zeus griego que es el Ormazd persa) era el dios Padre supremo, pero Mitra era el verdadero objeto de la religión.
El grado supremo del dios era el de Padre, cuya dignidad correspondía a la de Mitra en el cielo;
el joven dios era hermoso, valiente, puro y enseñaba una moral austera que practicaba él mismo;
la idea de la salvación: el salvador cristiano se asemeja a los dioses salvadores de misterio, Mitra era un dios salvador;
el mito del sacrificio del toro (sacrificio simbólico durante el rito) a manos de Mitra tenía como finalidad la redención e inmortalidad de los adeptos.
Sobre el sacrificio del toro (representando a Mitra) reposaba el equilibrio del mundo y la salvación de los hombres;
El banquete ritual de los fieles de Mitra tenía similitudes con la eucaristía cristiana.
A veces probablemente se sacrificaban toros reales pero no se comía carne de toro, la bebida sagrada (según algunos era agua y según otros era vino) que representaba la sangre del toro eran la sustancia del toro místico y divino que era Mitra.
Se consumía (simbolizada en la bebida sagrada) junto con la ofrenda del pan durante la cena o eucaristía mítrica.
La sustancia del toro divino estaba en el pan de la cena de los iniciados tal como estará la sustancia de Cristo en el alimento de los bienaventurados;
la intención del rito era la misma: el Soldado se consagraba a Mitra, como el cristiano a Cristo;
el culto de Mitra conocía la semana con consagración de los 7 días a las 7 divinidades planetarias pero a diferencia de los judíos santificaban el día del Sol, el domingo, y no el sábado;
el sacerdote era un iniciado del grado superior, un Padre;
Mitra también bautizaba a sus creyentes y prometía la expiación de los pecados por el efecto del baño.
Sólo en este culto se unía al bautismo la imposición de un signo en la frente, como en la Iglesia cristiana.
Otros autores también ven un paralelismo entre el cristianismo y el mitraísmo en que:
El día sagrado del mitraísmo era el domingo, y no el sábado.
El día de natalicio del sol era celebrado por los mitraicos el 25 de diciembre.
Los atributos del pater —máximo nivel de iniciación en el mitraísmo—
eran el gorro frigio, la vara y el anillo, muy similares a la mitra, el báculo y el anillo de los obispos cristianos.

Lugares que visitar 
La ciudad de Mérida (España), donde se puede visitar La Casa del Mitreo, y El museo Nacional de Arte Romano, que expone una escultura de un mitreo.
El museo de Dieburg (Alemania), expone hallazgos de un mitreo, incluyendo las piezas de cerámica utilizadas en la liturgia.
El museo de Hanau (Alemania), muestra la reconstrucción de un mitreo.
El museo de la Universidad de Newcastle (EE. UU.) expone los objetos encontrados en los tres sitios arqueológicos a lo largo de la Muralla de Adriano, y recrea un mitreo.
La basílica de San Clemente, en Roma, tiene un mitreo muy bien conservado.
La ciudad de Martigny (antigua Octodurus), en los Alpes Suizos, muestra un mitreo reconstruido.
Ostia Antica, puerto de Roma, donde se han encontrado restos de 17 mitreos; uno de ellos presenta hallazgos de importancia sustancial.
El Museo de Arte de Cincinnati expone un relieve de un mitreo de Roma que representa a Mitra matando al toro.
El Museo Arqueológico y Etnográfico de Córdoba (España), expone la escultura de un mitreo hallado en Cabra (Córdoba).
El yacimiento arqueológico de Fuente Álamo en Puente Genil (Córdoba), donde se pueden visitar los restos de un mitreo en el contexto de una villa rural.
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