BOSQUE DE LOS SUICIDAS EN JAPON

En 1993, un libro, titulado ‘El manual completo del suicidio’, identificó este ‘mar de árboles’ como el escenario idóneo para despedirse voluntariamente de este mundo.
El volumen, por cierto, fue un éxito editorial: hay que tener en cuenta que los japoneses tienen una tasa de suicidio muy elevada y que, en su cultura, la opción de matarse se suele contemplar como una salida honorable.
El geólogo Azusa Hayano ha encontrado ya más de 100 cuerpos
El caso es que Aokigahara se ha convertido en un lugar de peregrinación para quienes no desean vivir más.
Una vez allí, abandonan los senderos, se pierden en la espesura y, en algún pequeño claro, se ahorcan o se toman una sobredosis de pastillas.
Existen estadísticas hasta 2003, cuando el número de cadáveres localizados superó el centenar (fueron 103 o 105, según las fuentes) y las autoridades decidieron dejar de difundir sus balances anuales, por temor a que alimentasen todavía más la obsesión por Aokigahara.
Los habitantes de la comarca creen que muchos cuerpos jamás llegan a ser encontrados.

‘Piensa en tus hijos’
Varias instituciones y organizaciones han colocado carteles en los accesos al bosque.
‘La vida es un precioso regalo de tus padres.
No cargues tú solo con tus preocupaciones.
Habla con nosotros’, dice uno. ‘Piensa en tus hijos, en tu familia’, se lee en otro.
Todos los meses, la Policía, los bomberos y los trabajadores forestales organizan un concienzudo rastreo en busca de nuevos fallecidos.
El diario ‘Japan Times’ recogió el testimonio del geólogo Azusa Hayano, un hombre que ha encontrado más de 100 cadáveres en Aokigahara.
Entre otras medidas, también se han instalado cámaras de vigilancia en los alrededores y se ha adiestrado a decenas de vecinos para que ayuden a disuadir a los posibles suicidas: los senderistas suelen recorrer Aokigahara en grupos, así que estos voluntarios abordan a los visitantes que van solos y les ofrecen conversación.
En ocasiones, sus palabras bastan para salvar una vida.
Claro que, otras veces, descubren que esos excursionistas sospechosos pertenecen a un tercer colectivo, cada vez más numeroso: los turistas de lo macabro, deseosos de impregnarse de la atmósfera enfermiza e incluso, si hay suerte, de hallar algún resto humano.
La lúgubre fama del bosque no tiene muchos visos de disiparse: este mismo año, el director estadounidense Gus Van Sant ha presentado en Cannes su película ‘The Sea Of Trees’, sobre 2 hombres que se conocen cuando van a quitarse la vida en Aokigahara, y ahora mismo está en producción ‘The Forest’, un «thriller sobrenatural» que saca partido a este entorno frondoso e insondable, tan rebosante de vida y de muerte.

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