SIR HENRY CAVENDISH – 1731- 1810

SIR HENRY CAVENDISH – 1731- 1810
Este fantástico personaje, ¿Quizá de origen no humano?
Pretendía descender de una familia anglo-normanda, y que había nacido en extrañas circunstancias en Niza, Francia el 10 de octubre de 1731 y fallecido en Clapham, Inglaterra el 24 de febrero de 1810.
Pero después de una juventud paupérrima, y de una vida repleta de actos generosos, dejó al morir una fortuna valorada en 1,500 millones de francos de oro.
Nadie conoció el origen de ésta fortuna, que supuestamente se debió a unas herencias recibidas pero existen evidencias de que jamás fuesen ciertas.
La institución bancaria donde depositó su fortuna, una vez le escribió que invirtiese en varios negocios muy rentables, y éste extraño personaje les contestó que se ocuparan de sus asuntos y que jamás le volviesen a molestar con sus proposiciones y que la próxima vez que lo hicieran retiraría su dinero del Banco.
Siempre gastaba su dinero en forma caritativa, cuando le presentaban una petición de ésta índole, él la contestaba con un cheque por una suma superior a la solicitada.
A un estudiante que empleó para que le ordenara su enorme biblioteca, sufrió apuros financieros, y cuando lo supo, le envió un cheque por ¡10,000 libras esterlinas!
Así fue toda su vida y sin embargo al morir dejó aquella enorme fortuna, un canal de comercio que había comprado, varios edificios, etcétera
En síntesis era aquella bolsa sin fondo de los cuentos de hadas, el hecho de que:
“Fuera un alquimista es sólo una simple coincidencia”.
Habiendo llegado a Inglaterra poco después de su nacimiento, continuó sus estudios en Cambridge, hasta el 23 de febrero de 1753.
Como un detalle sorprendente del que fuera uno de los mayores sabios del mundo, es el hecho de que jamás recibió ningún diploma.
No se sabe por qué razón, pero algunos creen que entonces para obtener un diploma de aquella prestigiosa Universidad, uno debería manifestarse como un buen creyente, cristiano y miembro practicante de la Iglesia de Inglaterra.
No obstante, Sir Cavendish manifestó en varias ocasiones que nunca llegó a comprender en que consistía la religión.
Este hombre sin ningún título y que aun no había publicado ningún trabajo científico, fue admitido en la “Real Academia de Ciencias en 1760”.
Esto es un hecho prodigioso, y más bien parece milagroso, pero es incontrovertible, pero su extraña historia apenas comienza.
En 1773, 20 años después de salir de la Universidad, Cavendish ya era excepcionalmente rico.
Nadie sabe porqué, compró varias casas y se instaló al final en los arrabales de Clapham Common, pero en la calle donde vivió, actualmente lleva su nombre.
Y extrañamente este hombre de 42 años empezó entonces a manifestar una gran indiferencia con respecto a la especie humana.
Detestaba que le dirigiesen la palabra, y si alguien, generalmente un forastero le saludaba, él se inclinaba sin contestar, le volvía la espalda, pedía un coche y regresaba a su casa.
No podía sostener una conversación normal.
Era un misógino y consideraba a las mujeres como de otra especie, a la que no quería ni ver.
En la parte trasera de su casa mandó construir una escalera que siempre debía ser usada por el personal femenino.
Si por casualidad se encontraba con una sirvienta de inmediato la despedía.
Esto podría explicar la siguiente anécdota comentada por uno de sus amigos:
“Una noche, con ocasión de una de las comidas del “Royal Society Club”, vimos a una joven muy bonita, que desde una de las ventanas del piso superior de la casa de enfrente, contemplaba a los filósofos mientras cenaban.
Esta actitud nos llamó mucho la atención y, uno tras otro, nos levantamos de la mesa y nos aproximamos a la ventana para contemplar a la hermosa jovencita. Cavendish creyendo que contemplábamos a la Luna, se levantó también para unirse a nosotros, pero al darse cuenta del motivo de nuestra contemplación, volvió la espalda y se alejó lanzando una exclamación de fuerte desagrado.”
No obstante superaba su terror hacia las mujeres, cuando se trataba de proteger alguna señora.
Un día, en Clapham, vio que una desgraciada mujer era perseguida por un furioso toro, en un prado, entonces Cavendish miró al animal y le hizo emprender la retirada, pero después le volvió la espalda a la mujer y se retiró a su casa, sin esperar ningún agradecimiento.
No sabía cuantas patas tiene un cordero.
Una vez que tenía invitados a la cena le envió un recado a su ama de servicio un recado que decía:
“Quiero que a cada uno de los caballeros a quienes invito se le sirva un píe de cordero.
No sé exactamente cuantos tiene un cordero, arréglese como quiera”
Tenía unos extraños amigos de los que poco ó casi nada se sabe, los recibía en un “Púb.”, que ya no existe llamado “El gato y la gaita” y del que tampoco existe ninguna información.
Durante 30 años llevó una vida secreta, de la que se ignora todo.
Pero si se sabe, que vestía un traje violeta totalmente desteñido y una peluca como las usadas en el siglo XVII.
Siempre trataba de ocultar su cara y hacía frecuentes y misteriosas salidas al campo, en un coche que tenía un contador de su invención semejante a un taxímetro actual.
Una noche, agitó una campanilla y al punto se presentó un servidor entonces Sir Cavendish le dijo:
“Escuchad bien lo que voy a deciros. Voy a morirme.
Cuando esté muerto, pero no antes, iréis a avisar a Lord George Cavendish.”
Media hora mas tarde llamo de nuevo al criado para decirle:
“No estoy seguro de que me hayáis comprendido bien.
Repetid lo que os dije hace media hora”
El criado lo repitió perfectamente y se ofreció a insinuar algo sobre los “Sacramentos de la religión.”
“No sé que me estáis hablando”
Le contestó Cavendish
“Traedme agua de lavanda y volved cuando está muerto”
Y así lo hizo el criado.
Los herederos de Cavendish, que no le veían desde hacía mucho tiempo, ordenaron examinar sus papeles y se dieron cuenta que había sido el principal accionista del Banco de Inglaterra.
También se encontró un documento en el que legaba toda su fortuna a su familia.
Pero el testamento exigía que la tumba donde fuese enterrado, fuera tapiada inmediatamente y que ninguna inscripción señalara donde estaba ubicada, lo que sucedió el 12 de marzo de 1810 en la Catedral de Derby.
Jamás se hizo ningún examen del cadáver, ni una autopsia.
No se conserva ningún retrato suyo.
Tampoco se sabe a que se dedicaba en sus distintos laboratorios, sólo lo esencial se publicó hasta 1921 a más de 100 años de su muerte y no fue sino hasta 1970, cuando se encontraron varias maletas llenas de manuscritos y de instrumentos sin conocer cual era su utilización.
Pero quien se hacía llamar Henry Cavendish, empleando los símbolos alquímicos, calculó dos siglos antes que Einstein la desviación que sufrían los rayos luminosos por la masa del Sol y encontró un resultado numéricamente muy parecido al del sabio contemporáneo.
Del mismo modo determinó con precisión la masa de la Tierra, y aisló los gases raros del aire.
El 27 de mayo de 1775 invitó a sus amigos, 7 sabios ilustres para mostrarles un experimento.
Había reproducido artificialmente un pez torpedo y les produjo choques eléctricos semejantes a los provocados por aquel animal acuático y dijo a sus invitados que ésta nueva fuerza cambiaría al mundo.
Consideraba a la electricidad como un fluido, en una época en que se desconocía el electrón.
Cifró la densidad media de la Tierra en 5.48, cuando la reconocida actualmente es 5.52.
Se interesaba por los “calendarios hindúes y chino”, comparándoles e investigándolos.
Comprendía el principio de la conservación de la energía, y se dice que incluso llegó hasta la equivalencia de energía y materia que Einstein, solamente lo demostraría hasta nuestros días, con su famosa fórmula que se recuerde
(E = mc2)
Después de conocer lo que se pudo saber de Lord Cavendish, se siente la tentación de citar al escritor de ciencia-ficción H. P. Lovecraft:
“O bien nació dentro de una sombra extraña, o bien encontró el medio de pasar la “Puerta Prohibida”.
E incluso, este rostro es una máscara.
Y lo que cubre no es humano.”
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