LA ALQUIMIA

LA ALQUIMIA
Según el documento Nº 2250, escrito en griego, de la Biblioteca Nacional de París, la diosa egipcia Isis, relata a su hijo Horus, las incidencias de su viaje a la ciudad sagrada de Hormoauthi, en la que se practicaba el “Arte Sagrado”, (como se también se le conocía a la Alquimia) contándole, que el ángel Amnael
“Que figura en el libro de Enoch, como uno de los “hijos de Dios” que se unieron a las hijas de los hombres”
Este “hijo de Dios” requirió a la diosa Isis en matrimonio, y al principio ésta se negó, pero como mujer que era, aprovechó la atracción que ejercía sobre el ángel, para pedirle el secreto de la fabricación del oro y la plata.
Entonces el ángel Amnael se negó a descubrírselo, cuando menos por el momento, porque:
“Al día siguiente el ángel se le volvió a aparecer en forma de signo sobre la cabeza y una jarra de agua clara en las manos”.
Segundos después desapareció sin haber proferido ninguna palabra.
Esto intrigó tanto a la diosa Isis que cuando Amnael, el ángel volvió a aparecérsele, se mostró dispuesta a entregársele si antes le explicaba el significado de su aparición o sea que si le daba el gran secreto de la obra alquímica.
Entonces éste aceptó, pero le hizo jurar que sólo revelaría ese misterio a su hijo Horus.
Y ese gran misterio es el que Isis explica a su hijo Horus en los últimos párrafos de su carta de la manera siguiente:
“Ahora tú hijo mío, ve al agricultor y pídele cual es la semilla y cual es la cosecha.
Tú aprenderás de él que quien siembra cebada cosecha cebada, quien siembra trigo cosecha trigo.
Estas cosas hijo mío, te llevarán a la idea de la creación y la generación y acuérdate que el hombre engendra al hombre y que el león engendra al león, que el perro reproduce al perro, así es que el oro reproduce el oro y he aquí todo el misterio”
De estas enigmáticas palabras de la diosa Isis algunos alquimistas dedujeron que se precisaba un poco de oro para obtener más oro en forma alquímica y que el oro era capaz de multiplicarse como si fuera un ser orgánico.
En otra parte del mundo, los chinos también le atribuyen un origen divino al “Gran Arte”, así, según una leyenda, un ángel entregó a Tso-Yuang–Fang un libro que trataba del “oro medicinal”.
No obstante lo anterior toda la Alquimia medieval se basaba en la obra descrita en la “Tabla Esmeralda”.
Esta tabla que se atribuye al dios “Thot” de los egipcios, y al que los griegos adoraron con el nombre de “Hermes Trismegisto” (El 3 veces sabio) y la que se afirma fue encontrada por Alejandro Magno
(Del que curiosamente se asegura que era el hijo de la unión de un íncubo o demonio masculino con una mujer humana)
En las profundidades de la pirámide de Gizeh y cuyo contenido ha llegado hasta nosotros gracias al papiro “Leyde”, de donde lo transcribieron los egipcios.
Pero realmente la alquimia como una disciplina, llegó a Europa en el siglo XII a través de Bizancio y el Islam, siendo los conocimientos árabes quienes más promovieron su difusión, con la traducción de los Textos Alquímicos por medio de los rabinos judíos, teniendo entre sus correligionarios a verdaderas autoridades en el “Gran Arte”.
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