LA LLORONA AZTECA

LA LLORONA AZTECA
++++++++++++
De acuerdo con el testimonio de ALVARADO TEZOZÓMOC en su CRÓNICA MEXICANA, perturbado MOTECUHZOMA por los varios presagios que se han descrito en los textos anteriores, hizo llamar a sabios y hechiceros con objeto de interrogarlos.
Quería averiguar si había señales de próximas guerras, de desastres imprevistos, o de cualquier otra forma de desgracia.
Los nigrománticos en realidad no pudieron dar respuesta.
Pero, en cambio, por ese tiempo apareció un pobre macehual (hombre del pueblo), venido de las costas del Golfo con las primeras noticias de la llegada de unas como “torres o cerros pequeños que venían flotando por encima del mar”.
En ellos venían gentes extrañas “de carnes muy blancas, más que nuestras carnes, todos los más tienen barba larga y el cabello hasta la oreja les da. . .”
Tal noticia despertó la angustia de MOTECUHZOMA y, como veremos en el capítulo siguiente, movido a temor envió mensajeros y dones a quienes creyó que eran posiblemente QUETZALCÓATL y otros dioses que volvían, según lo anunciado en sus códices y tradiciones
LA LLORONA AZTECA
Un poco antes de la conquista por los españoles, del emporio lacustre conocido en el mundo antiguo como la gran TENOCHTITLAN, aparecieron vaticinios y pronósticos de su próxima destrucción, de lo cual fue informado oportunamente MOCTEZUMA, EL “SEÑOR DE HOMBRES” Ó “TLATOANI” por sus agoreros o “NAGUALES”, y sus sacerdotes ó “TECUTLI”.
-Apareció un cometa (presagio de desgracias entre todos los pueblos del orbe), en el cielo de ANÁHUAC,
-Luego le dijeron que habían encontrado un gallo viejo ó “HUEXÓLOTL”, con un: ¡Espejo en la cabeza en el que se miraba el firmamento o “CITLATÓMAC” con las estrellas brillando intensamente!
-Más tarde el templo del dios del fuego ó “XIUHTECUHTLI”, se quemó, sus techos de madera y paja ardieron sin ninguna razón aparente.
-Después la casa del dios guía “HUITZILOPOCHTLI” ardió de manera espontánea, sin que nadie le pusiera fuego,
-Posteriormente el agua de la laguna que rodeaba la ciudad, se agitó e hirvió.
El propio “TLATOANI Ó SEÑOR DE HOMBRES”, meditó sobre tales sucesos, sagrados para él y su pueblo, hechos que presagiaban algo seguramente funesto.
Mientras tanto los hechiceros y agoreros trataban de entender su significado, en todo el orbe azteca, existía una expectación general, una inquietud, un temor.
Así pasaban los días, hasta una noche…
Una tenebrosidad aciaga en que la invencible ciudad de MÉXICO-TENOCHTITLAN, la valerosa, la orgullosa, la guerrera; esa ciudad extraordinaria, se conmovió se estremeció, se llenó de angustia, de tal pavor y de tal miedo, que hasta el propio “TLATOANI”, cayó presa de tal consternación.
El reposo nocturnal, el silencio y la quietud de la hermosa ciudad lacustre, fueron perturbados, por unos prolongados gritos, unos lamentos llenos de terror, de tristeza y de aflicción, un gemir pleno de dolor y pesadumbre, los sollozos de una mujer, una mujer a la que nadie vio.
MOCTEZUMA convocó a los sacerdotes, a los sabios o “TLAMATINIME”; entre los que hubo juntas, discusiones, llantos, luego los sacerdotes rezaron a sus dioses, mientras el pueblo hacía plegarias y ofrecía sacrificios en los templos; pero el terror y la congoja, no terminaban, iban creciendo hasta convertirse en una tortura general.
El gran “SEÑOR DE HOMBRES” y su pueblo estaban anonadados, pues las conclusiones a que llegaban los agoreros y los sacerdotes, fueron siempre las mismas; se trataba del aviso de los dioses sobre la próxima destrucción del imperio azteca ó “TENOCHCATLALPAN”.
Quizá era el presagio del regreso de “QUETZALCÓATL”, el dios blanco de frente amplia, de ojos grandes y de cabellera extensa y clara, de barba larga y redonda, quien gustaba de cuidar las maravillosas flores con delicado perfume de sus jardines…
Tal vez, era el cumplimiento de su profecía hecha al abandonar la ciudad de TULA.
Desde aquella primera noche, cada vez con mas frecuencia, con mayor intensidad y manifestando creciente dolor, se oía a la mujer que lloraba inconsolable, que iba gritando por la noche; dando gritos de angustia y desesperación.
-¡Hijitos míos, ya tenemos que irnos lejos!
Y otras veces lastimosamente, decía:
-¡Hijitos míos! ¿Adónde los llevaré?
No pasó mucho tiempo sin que los sacerdotes y aún el pueblo, identificaran por su ropa, a la mujer que tan lastimosamente lloraba y gemía en el cielo nocturno de TENOCHTITLAN, como su diosa “CIHUACÓATL”, “LA MUJER SERPIENTE”, (diosa madre y creadora de la Humanidad,) que posteriormente presidía los nacimientos, el renacimiento o la regeneración, entre los NAHOAS, mientras que otros pocos la identificaban con “TEOYAOMINQUI” la “VIGILANTE DE LAS ALMAS MUERTAS” y los demás la confundían con “QUILATZLI”, LA “MADRE DE GEMELOS”.
Eran todas juntas ó alguna de ellas, la que vestida de blanco hacía los dolorosos recorridos nocturnos llorando y gritando, por la ya muy próxima destrucción de su admirable pueblo, de sus hijitos queridos.
La angustia, la consternación que MOCTEZUMA sufrió ante los funestos presagios y frente al lloro de CIHUACÓATL, le llevó a tratar de encontrar otra explicación, que no fuera, pues no podía ser, la destrucción del grandioso MÉXICO-TENOCHTITLAN.
No lo decía así, no lo señalaba así, la profecía de QUETZALCÓATL y menos aún el ofrecimiento de grandeza, de poder, de su exaltación en señores del universo ó “CEMANÁHUAC”, que les había asegurado su dios HUITZILOPOCHTLI.
Pero aquellos lamentos, aquellos gemidos de “CIHUACÓATL”, escuchados por todo el pueblo, estremecían la ciudad desde sus cimientos hasta los vastos dominios de la tierra TENOCHCA o “TENOCHCATLALPAN”, es decir hasta los confines de la tierra Mexicatl o “MEXICATLALPAN”, gemidos que debían tener otra mejor interpretación…
MOCTEZUMA, “EL SEÑOR DE HOMBRES”, EL “SEÑOR DE LA PALABRA”, EL “TLATOANI”, mandó encarcelar en CUAUHCALCO a los brujos “NAHUALTIN”, a los encantadores y a los agoreros para obligarlos a encontrar otro significado que no fuese el predicho, el de la destrucción de la ciudad, del pueblo y de sus dioses…
Y si no hubiese otra interpretación más que ésa, que le permitieran saber oportunamente la forma en que se produciría ese fin.
Lleno de desesperación, de angustia y de temor, en forma enérgica, MOCTEZUMA ordenó a “PETLALCÁLCATL”:
-Digan a esos encantadores que declaren alguna cosa; que si vendrá enfermedad, pestilencia, hambre, langosta, terremotos y agua o secura (sequía) de año, si lloverá o no, que lo digan; o si habrá guerra contra los TENOCHCA, contra los MEXICATL, o si vendrán muertes súbitas, o muertes por animales venidos, que no me lo oculten; o si han oído llorar a Cihuacóatl, tan nombrada en el Cemanáhuac, en el mundo que cuando ha de suceder algo, lo interpreten primero, aún mucho antes de que suceda…
La consternación se acrecentó días después cuando un cargador o “MACEHUALLI”, procedente del oriente, del “bosque de la región de los muertos”, es decir de “MICTLANCUAUHTLA”, llegó hasta MOCTEZUMA para informar al TLATOANI de la aparición de una casa flotante o barco grande que andaba de una parte a otra y no llegaba a las orillas del mar grande…
¡Y éste mensajero venía de la costa de oriente, es decir por donde habría de retornar QUETZALCÓATL!
Según lo había profetizado cuando salió de TULA; cuándo se inmoló en el Oriente; pero no, lo tormentoso no era su procedencia de las cercanías del CUETLAXCATL, de allá por CHALCHIUHCUECAN, era que llegaba procedente de MICTLANCUAUHTLA, y.
¿Esto tendría relación con la pena, con la aflicción, con el desconsuelo de “CIHUALCOATL”?
La tribulación y la zozobra entre las castas sacerdotales, entre los señores y el pueblo mismo se hizo más intensa; el grito plañidero era cada noche más aterrador, mas agobiante, mas doloroso; el TLATOANI llegó casi a la desesperación, a la incomprensión, cuando pasado algún tiempo, le informaron que:
-…una mujer de nosotros, los de aquí, les viene acompañando; acompaña a esos seres extraños, a los hombres barbudos que montan ciervos, que vomitan fuego, viene hablando en lengua náhuatl.
Su nombre, MALINTZIN; su casa, TECTÍCPAC.
Allá en la costa primeramente la cogieron, ahora les acompaña…
Los nocturnos llantos de CIHUACÓATL se prolongaban, se hacían más lastimeros, más tristes, más desconsoladores, era la diosa madre que lloraba la suerte de sus hijos, del pueblo MEXICATL, del TENOCHCA, de la raza AZTECATL.
Los hombres blancos, los barbudos, aquellos que vestían ropajes con los colores de HUITZILOPOCHTLI, de TLÁLOC, de XIPE y de QUETZALCÓATL ascendieron, escalaron las montañas hasta llegar a TLAXCALA ó “TLAXCALLAN”, allí hablaron, se les juntó la gente; destruyeron CHOLULA ó “CHOLULAN”, avanzaron hasta llegar a IZTAPALAPA Ó “IXTAPALAPAN”, los TLAXCALTECATL les seguían, siguieron su camino hasta MÉXICO-TENOCHTITLAN…
CIHUACÓATL lloraba con mayor angustia con profundo color y tristeza; era inconsolable.
MOCTEZUMA quiso dar por cierto que se trataba de enviados de QUETZALCÓATL, tal vez el dios viniera con ellos, pues con ellos venía uno a quien llamaban (por tener el pelo rojo) “TONATIUH” es decir el SOL.
“EL SEÑOR DE HOMBRES”, “EL SEÑOR DE LA PALABRA”, “EL TLATOANI”, MOCTEZUMA salió a recibirles, salió por la calzada de HUITZILOPOCHCO.
Allá los recibió como a dioses.
Recibió a los hombres barbudos y los alojó, los acomodó en las mejores casas de la ciudad, en el palacio de su primo AXAYÁCATL.
Los llevó a los templos, penetraron los recintos sagrados, los blancos, los supuestos dioses recién llegados de oriente, profanaron a los dioses AZTECATL, mientras tanto CIHUACÓATL gemía con un dolor indescriptible.
El pueblo se reveló contra los españoles, los blancos huyeron…
Pero una mujer descubrió su salida y dio la alarma, fue un grito tan angustioso como el de la misma CIHUACÓATL, un grito que se unió al de “la diosa madre” y se dejó oír por toda la ciudad, por todo MEXICATLALPAN.
Huidos los hombres barbudos, como sus aliados también los TLAXCALTECAS, volvió cierta tranquilidad a la gran ciudad, pero ésta sólo era interrumpida por el plañir de la “diosa madre”, de la diosa CIHUACÓATL.
Casi un año después de la partida de los conquistadores, cuando ya hacían 13 años que noche tras noche lloraba CIHUACÓATL, nuevamente fue asediada MÉXICO-TENOCHTITLAN, y de nuevo fue sitiada por los hombres blancos, por los barbudos y por el TLAXCALTECA, pero ahora si fue vencida, todo se destruyó, los dioses cayeron, rodaron abajo por los peldaños de los templos, muchos se hicieron pedazos, se rompieron; las casas se destruyeron, fueron consumidas por el fuego; todo se acabó.
La ciudad fue abandonada por vencedores y vencidos…
Hubo un mortal silencio; sólo por las noches se escuchaba el llanto triste de una mujer que con gran lamentación sufría la suerte de sus hijos.
La ciudad se reconstruyó, MÉXICO-TENOCHTITLAN se transformó, de AZTECA en ESPAÑOLA; también cambió su nombre, desde entonces dejó su misteriosa doble denominación para llamarse únicamente MÉXICO.
Todo se transformó, los dioses fueron otros, se cambiaron los templos, los edificios, las calles…
Aún las personas cambiaron sus nombres NÁHUATL por HISPANOS o por MOROS; sólo perduró inalterable, incambiable, el profundo, él sin consuelo dolor de CIHUACÓATL que, con su plañidero y angustioso grito, gemía por la destrucción de su pueblo, de su raza.
Los nuevos pobladores, los recién llegados, los hombres blancos, se aterraban al escucharla y pronto la llamaron “LA LLORONA”.
A través de los años, los largos lamentos seguían escuchándose por la CIUDAD DE MÉXICO.
En cuanto sonaba el “toque de queda” en la SANTA IGLESIA CATEDRAL, todo mundo echaba los cerrojos, ponía las trancas y fuertes aldabones en las puertas.
Cristos, imágenes y rezos acompañaban a los colonos para protegerse de “LA LLORONA”, cuyos lamentos hacían estremecer aún a los más valientes.
Después de las diez de la noche, nadie se atrevía a salir de sus casas.
Nadie deseaba ser sorprendido en la calle por los sollozos de CIHUACÓATL.
Muchos hombres del pueblo vencido, de los dominados mexicanos, identificaban en el llanto de la mujer fantasma a MALINTZIN, la mujer que traicionó a su raza y a sus dioses para servir a los barbudos durante la destrucción de su cultura y de su religión.
Fue en el SIGLO XVI, época en que los hombres se mostraban cobardes y temerosos, las mujeres se desmayaban, los corazones aceleraban su ritmo al escuchar aquel lamento largo, agudo y lúgubre que venía de lejos y se iba acercando poco a poco, siempre cargado de dolor, de un dolor intenso, angustioso, impresionante.
No había ser en la NUEVA ESPAÑA que pudiera mostrarse valiente ante aquel plañido, ante aquel lloro prolongado y lastimero lleno de desconsuelo
¡LA LLORONA!; era la exclamación general que precedía al acobardamiento general.
Después, junto con el angustioso lamento de CIHUACÓATL, la ciudad se envolvía en temblorosas plegarias; la gente sujetaba rosarios y cruces; medallas y escapularios eran oprimidos contra el pecho, agua bendita rociada en forma de cruz protegía a las casas; los canes hacían más tenebrosa la noche con sus atemorizados aullidos.
Todo MÉXICO estaba aterrorizado por aquellos angustiosos gemidos.
La población dio por seguro que tales sollozos eran cosa del mas allá.
No podía ser lamento humano el que se hiciera escuchar en toda la ciudad, no podía ser a tal grado lastimero y lúgubre.
Una mujer envuelta en flotante vestido blanco y con el rostro cubierto sobrevolaba al fino soplo del viento, cruzaba la ciudad; siempre por distintos rumbos, lanzando un tristísimo ¡ayyy…!
Largo, lento, doloroso; otras veces gemía por sus hijos; junto al lastimero llanto alzaba los brazos con desesperada angustia, los retorcía y lloraba por el pueblo vencido.
Los indígenas que sobrevivieron a la destrucción de TENOCHTITLAN de inmediato identificaron a la mujer que lloraba, era su diosa, su destruida diosa CIHUACÓATL, la que lloraba por la suerte del pueblo MEXICATL.
Mientras que los mestizos identificaban a “LA LLORONA” con la MALINTZIN, que lamentaba la traición que hizo a su pueblo y a su raza.
Para los colonizadores y sus curas, se trataba de una mala mujer que para ocultar un pecado había asesinado a su hijo, fruto de sus amores ilícitos.
Lo cierto es que el terror continuó en las noches de los SIGLOS XVI Y XVII.
En la plaza mayor de la CIUDAD DE MÉXICO, allí donde otrora se levantaba el TEMPLO MAYOR DE LOS AZTECAS, el templo a HUITZILOPOCHTLI y TLÁLOC, el de QUETZALCÓATL, la mujer misteriosa se arrodillaba y lanzaba un grito más doloroso, mas lleno de aflicción, siempre mirando al oriente, al rumbo de MICTLANCUAUHTLA, por donde apareció el conquistador blanco.
Se inclinaba al suelo y lloraba con grandes ansias, poniendo su dolor en su alarido largo, penetrante, lúgubre; después, se iba en silencio, despacio, hasta llegar a la orilla del lago, donde penetraba, al parecer flotando entre la bruma; y lentamente desaparecía sobre las salobres aguas, desvaneciéndose entre la niebla, cerca de donde se encontraban los bergantines de que se valió CORTÉS para vencer al bravo pueblo TENOCHCA; allí lentamente desaparecía…
Era la misma mujer que desde 10 años antes de la llegada de los españoles gritaba:
-¡Oh, hijos míos, que ya ha llegado nuestra destrucción!
Era CIHUACÓATL “La diosa serpiente y creadora de la Humanidad”.
++++++++++++++++++++++

2 comments ↓

#1 1/4-Inch Drive Click Torque Wrench on 04.07.16 at 4:07 pm

I read this paragraph completely concerning the comparison of hottest and previous technologies, it’s amazing article.|

#2 CHUCHA RODRIGUES on 09.17.19 at 9:33 pm

NO ME GUSTO EN LO ABSOLUTO ESTE ARTICULO YA QUE ES MUY LARGO Y NO EXPLICA NADA

Leave a Comment