LA CASA DE RODRIGUEZ PUEBLA

LA CASA DE RODRÍGUEZ PUEBLA
La ambición suele llevar a los hombres a ejecutar los menesteres más viles, por eso para trepar se adopta la misma postura que para arrastrarse.
Jonathan Swift
En el año de 1942 había un edificio comunal (vecindad como se le conoce en los medios populares mexicanos), ubicado precisamente en el 138 de las calles de RODRÍGUEZ PUEBLA, del centro histórico de la Ciudad de MÉXICO, la propiedad era de una sola planta y tenía un patio central en forma de rectángulo, alrededor del cual estaban colocadas las pequeñas casas, pomposamente llamadas apartamentos.
Todas las puertas exteriores de éstos, estaban flanqueadas en forma sistemática por macetas de barro y botes de hojalata, que hacían las veces de jardineras decorativas, todos con flores variadas entre las que predominaban las azaleas de diversos colores, los claveles “reventones” y las pequeñas manchas blancas de “la nube”.
En uno de sus treinta y tantos departamentos, el cual constaba de estancia-comedor, una cocina y un baño con su tina grande de porcelana, y dos recámaras.
Ahí vivía don EMMANUEL ORTIZ FLORIDO junto con su esposa HERMILA NAVA y sus dos pequeños vástagos MANUEL ARTURO con 10 años de edad y XAVIER ALFONSO con 8 años.
Todos juntos formaban, lo que los voceros gubernamentales de aquella época, llamaban “UNA FELIZ FAMILIA DE LA CLASE MEDIA”.
En nuestro sufrido país, aún era la época en la que la “CLASE MEDIA”, era feliz, a pesar de lo raquítico de los ingresos que disfrutasen, a diferencia de la actualidad, ésta época en la que el repetido “RETINTÍN” de los medios publicitarios para que se hiciera más consumo de todo, generaban el llamado “CONSUMISMO DESPIADADO”, lo que producía el hecho de que la mayoría de la gente basase su felicidad en la cantidad de dinero que percibía y no en aquellas otras cosas que no se compran con dinero, como la salud, las buenas relaciones intra-familiares, las amistades sinceras, etcétera
Bueno, después de ésta pequeña reflexión, prosigamos con nuestro relato, en la modesta mesa del comedor, siempre había un jarrón con bellas flores, que después de la comida se permutaban por un recipiente de fruta fresca de la temporada y que a la hora de la merienda se cambiaban por una cesta de pan caliente traído de la panadería “EL CUERVO”, situada a unas cuantas cuadras de la casa habitación.
Aquí es conveniente destacar el hecho de que en el pequeño corredor que conectaba la cocina y el baño con la estancia-comedor, había un quicio o jamba, a todo lo ancho de éste.
Medía entre 10 centímetros de alto por 10 de profundidad, y aparentemente había sido colocado en ese lugar por los inquilinos anteriores, con el fin de evitar que cuando se lavase el piso, el agua del baño o de la cocina, pudiera llegar hasta la estancia y empapara el tapete ahí colocado ó bien mojase los muebles.
Un día mientras jugaban los dos chiquillos; MANUEL ARTURO perseguía corriendo a su hermano XAVIER ALFONSO, cuando al salir de la cocina hacia la estancia, el menor se tropezó con el mentado quicio y fue a dar con su pequeña y escuálida humanidad al piso del comedor, se levantó llorando con las rodillas raspadas y se dirigió a su mamá, que al oír el golpe había dejado a un lado el remiendo de los grandes huecos que en los calcetines, hacían sus hijos con sus constantes y prolongados juegos.
La dama rápidamente, llevó al niño a la recámara donde después de secarle las lágrimas y curarle sus heridas con “MERTHIOLATE” (un desinfectante), un “CURITA” (pequeña banda de gasa estéril) y el consabido beso “curalotodo”, lo consoló diciéndole:
-Sana, sana “colita de rana”, si no sanas hoy, sanarás mañana…
A continuación procedió a encender la radio para que todos escucharan el programa de FRANCISCO GABILONDO SOLER: “CRI-CRI, EL GRILLITO CANTOR” que pasaba cotidianamente por la estación X.E.W. “LA VOZ DE LA AMÉRICA LATINA, DESDE MÉXICO”, según solía decir su locutor estrella don PEDRO DE LILLE.
Un poco mas tarde les sirvió la merienda a los hermanos, que constaba de un buen “posillo” (tarro) de atole de avena azucarada con leche, y sus “ramas” de canela todo bien colado, y acompañado por su respectiva dotación de panes, que ya se encontraban sobre la mesa del comedor y las que por lo general eran “conchas y chilindrinas”,.
Los niños después de haber cenado y escuchado los cuentos infantiles y las bonitas canciones del programa, se fueron a dormir a su recámara, recibiendo en la frente el ansiado beso de su madre, junto con sus deseos para que ambos tuvieran sueños felices.
Casi al instante cerraron sus pequeños ojos y hasta llegaron a soñar con muchos juguetes y grandes tesoros que les regalaba un niño pequeño que según contaron, jugaba con ellos en su sueño…
Pasó el tiempo y una tarde, el padre disfrutaba de un merecido descanso, sentado en un cómodo sillón de la modesta sala mientras dormitaba, y leía el rotativo “EL EXCÉLSIOR”, que según su opinión personal era el mejor diario de MÉXICO porque según decía el lema publicitario: “EL PERIÓDICO QUE INFORMA Y FORMA OPINIÓN”.
Así estaba luego de haber trabajado arduamente como empleado de mostrador de una ferretería propiedad de unos señores alemanes y de mucho prestigio llamada “LA PALMA”, cuando de repente el grito proferido desde el baño de la vivienda por su hijo menor lo hizo levantarse de la poltrona y haciendo a un lado el periódico corrió entre dormido y despierto hacia donde se estaban bañando sus 2 hijos.
Como el señor EMMANUEL iba medio dormido y por la prisa que llevaba, al pasar de la estancia-comedor hacia el baño, tropezó con el mencionado quicio y fue a dar al piso cuan largo era,
(Que por cierto, no era mucho, pues mas bien era un poco bajo de estatura),
Comprensiblemente se lastimó ambas manos y rodillas al caer.
Al escuchar el fuerte golpe, sus hijos salieron desnudos de la bañera y cuando estaban tratando de ayudarle a ponerse en pie; entró a la sala la mamá, que en ese momento, se encontraba en la puerta del departamento recibiendo de un vendedor ambulante, las golosinas que previamente le habían solicitado sus “crios”, es decir un camote y el plátano macho asados, que untados con miel de piloncillo, les sabrían “a gloria” después del baño.
Rápidamente dejó el encargo sobre la mesa, y todos juntos ayudaron al papá a levantarse, recostándole en su cama.
Mas tarde cuando la mamá se hubo cerciorado que sólo había sido el golpazo y que probablemente no habría complicaciones posteriores, le aplicó un poco de “ÁRNICA” (un desinfectante) en las partes afectadas, y llevóse los niños a su dormitorio, para secarles el agua del baño y ponerles las pijamas, conduciéndoles después al comedor a saborear las golosinas previamente solicitadas, que ahora eran acompañadas con sendos vasos de pura y blanca leche.
Entre tanto el dolorido padre, en su recámara se lamentaba del accidente mientras murmuraba entre dientes:
-Creo que todos debemos tener mas cuidado cuando pasemos a la cocina o al baño, porque ese quicio es muy alto y podemos volver a tropezar y caer….
Por cierto el grito de XAVIER ALFONSO, simplemente había sido porque su “maldoso” hermano mayor, le había abierto al grifo del agua fría de la regadera, mientras éste se encontraba jugando con un patito de hule en la bañera llena de agua tibia.
Pasaron los días y uno de tantos, cuando ya todo esto se había olvidado, estaba el padre sentado a la mesa junto con sus 2 hijos esperando a que la madre trajera la sopa.
¡Ah benditas madres mexicanas!
Que no acostumbran sentarse junto a los demás miembros de la familia, cuando empiezan a comer, porque dicen a manera de sentencia:
-Empiecen a comer, no me esperen, ahora les llevo la sopa y unas tortillas calientitas, pero comiencen con la “botanita de guacamole y frijolitos refritos”, porque se puede enfriar el guisado y después ya no sabe tan bueno…
Pues bien, como le iba contando, ese día estaba la familia a la mesa, esperando la suculenta sopa y los demás platillos que olían tan bien en la cocina; cuando…
Repentinamente, todos brincaron de sus asientos y se levantaron en forma simultánea de la mesa, al escuchar el grito proferido por la dama doña HERMILA, que al traer la sopera llena del guiso caliente, se tropezó con el tan mentado quicio y fue a caer “cuan larga era”, en medio del comedor…
¡El enorme trasto se rompió en mil pedazos, el líquido hirviente bañó los muebles, el tapete central, el pecho del Jefe de la familia, las piernas y brazos de sus hijos, etcétera creando un cataclismo de proporciones catastróficas dentro del pequeño departamento!
Mientras se sacudían los restos de sopa, trataban de ayudar a ponerse en pie a la señora, que lastimeramente lloraba en ese momento, no tanto por el dolor sufrido al herirse las rodillas, sino por el daño causado a sus muebles y la pérdida de su apetitosa sopa.
-Y tan sabrosa que estaba
Se lamentaba nuestra heroína, pero pronto el padre y los hijos la consolaron, asegurándole que no debía preocuparse por los daños causados en el departamento, pues todos se ocuparían de limpiarlo y mucho menos debería de hacerlo por lo que a ellos pudiera haberles pasado.
Mas tarde, todos juntos y en una forma cariñosa, le llevaron a su recámara y trataron de consolarle de alguna forma.
Así mientras sus hijos la besaban, el padre le decía palabras de aliento y apoyo.
Cuando hubo aminorado un poco la trifulca producida por el accidente, el jefe de la familia, en un tono algo autoritario les comunicó:
-Mañana mismo buscamos otro departamento para cambiarnos, ya son demasiados los problemas que tenemos con éste, “condenado quicio”.
“Diciéndolo y haciéndolo”, al día siguiente, después de enviar los niños a la escuela, los padres se dispusieron a la búsqueda de su nueva morada…
La pesquisa fue afanosa, por lo que prontamente consiguieron un nuevo domicilio, mas o menos por el mismo rumbo,
(En aquellos días no existía la sobrepoblación que actualmente padece la Gran Metrópoli)
Regresando rápidamente a su domicilio.
Así mientras el padre empaquetaba algunos de los enseres, la señora le ayudaba y al mismo tiempo guisaba para tener la comida lista para cuando llegasen sus hijos de la escuela.
Mas tarde, cuando llegó la hora de salida, ambos fueron por ellos al colegio y habiendo llegado a casa se sentaron todos a comer; mientras saboreaban los sabrosos platillos, platicaron en forma animada de lo acontecido durante el día y cuando el padre le comunicó a los chicos que tendrían nuevo domicilio, los chamacos muy contentos se levantaron de la mesa.
MANUEL ARTURO le dijo a su mamá que le ayudaría de lavar los trastos mientras XAVIER ALFONSO, los secaría, cosa a la que ella accedió de buen grado.
Así lo hicieron y cuando los platos estaban lavados y secos, el mayor de los hermanos, se dispuso a llevarlos de la cocina, al trinchador del comedor.
MANUEL ARTURO iba cargando los trastos limpios, los cuales eran bastantes y como tenía mucha tarea que hacer, iba caminando un poco pensativo, y en forma un tanto descuidada, y fue así que mientras trataba de cruzar de la cocina a la estancia…
Ya se podrá imaginar lo que sucedió, ¿No es cierto, estimado lector?
Efectivamente, el muchacho tropezó con el quicio tantas veces mencionado y cayendo de bruces hizo volar los utensilios para comer, los que se rompieron haciéndose añicos.
De nuevo los consabidos llantos, el susto general y el genuino descontento del papá que ahora sentenció:
-Ahora sí, el próximo sábado que no trabajo, nos cambiamos de éste condenado departamento que tantas dificultades nos ha ocasionado…
Todos estaban renegando siempre del mencionado quicial, pero nunca se les ocurrió que podría mandarse tirar o cuando menos suavizar su contorno…
Por fin llegó el tan ansiado día, y habiendo contratado con MUDANZAS “GOU”, una de las compañías de mudanza mas reconocida en la época y como no tenían muchas posesiones, pudieron cambiarse rápidamente a su nuevo domicilio, que por cierto no quedaba muy lejos, tan sólo a unas cuadras del anterior.
Pasó el tiempo y mientras nuestros héroes se acomodaban en sus flamantes y nuevos aposentos y se presentaban con el naciente vecindario, en su antiguo departamento el de las calles de RODRÍGUEZ PUEBLA, se llevaban a cabo las indispensables y consabidas reparaciones; se hacía el resanado de los múltiples agujeros que había, se pintaban las paredes, se pulían los pisos etcétera, en general todo lo necesario para tenerlo listo, para cuando llegasen los nuevos arrendatarios.
Todos los trabajadores se encontraban ocupados en esas labores, cuando uno de los pintores que cargaba una cubeta llena de pintura, quiso pasar de la cocina a la estancia, y obviamente también él se tropezó con el tan mencionado quicio, derramando la pintura sobre el piso de la sala, y provocando la consabida trifulca.
Habiéndose enojado bastante el maestro de obras, ordenó entre exabruptos a uno de los albañiles que de inmediato quitara el quicio de marras, que según decía, no tenía ninguna razón de estar ahí.
Cuando el trabajador dio el primer golpe con el zapapico, se escuchó un fuerte y sonoro ruido metálico, cosa que hizo que los demás trabajadores y el maestro de obras, se agruparan alrededor del mentado quicio supuestamente de sólido cemento, y que todos con gran curiosidad siguieran la maniobra, y así, mientras el albañil rompía una delgada cubierta de material cementado, ante los asombrados ojos de los trabajadores, aparecieron regadas por el piso:
¡Monedas de oro!,
¡Muchas hileras de áureas monedas!,
¡Centenarios e Hidalgos del oro más fino!
¡Monedas que colocadas todas ellas cuidadosamente en rimeros, formaban el alma del jambaje de marras!
Como es fácilmente comprensible tan enorme fue la sorpresa de todos los presentes, que algunos querían avisar al dueño de los departamentos, mientras otros querían repartir el tesoro ahí mismo, unos opinaban que mejor después se hiciera el reparto del tesoro en la casa de alguien, mientras el maestro de obras quería quedarse con la mayor parte y los mas pocos que se diera parte al GOBIERNO FEDERAL, etcétera, etcétera
Después de discutir acaloradamente y de casi llegar a los golpes entre ellos, lograron ponerse de acuerdo en repartir el tesoro por partes iguales y ahí mismo, cosa que hicieron de inmediato.
Cuando terminaron el reparto, todos los trabajadores abandonaron el departamento, dejando la obra inconclusa…
De algunos de los obreros, no se volvió a saber nada durante algún tiempo, y de otros mientras llegaban a sus “casuchas” situadas en apartadas colonias en la periferia de la ciudad, les asaltaron y robaron, asesinándoles por quitarles su tesoro, en tanto que otros mientras en “piqueras”, cambiaban sus monedas de oro por alcohol barato, la policía preventiva les sorprendió y les remitió a sus “calabozos” acusados de robo a la Nación.
El maestro de obras después de dejar pasar algún tiempo, compró todo el edificio, y haciendo desalojar a los vecinos, mediante el pago de buenas indemnizaciones, se puso a cavar frenéticamente en los demás departamentos, buscando mas tesoros; lo cual hacía de día y de noche, completamente sólo, y durante algún tiempo, hasta que empezó por delirar y acabó volviéndose completamente loco, siendo remitido después por sus propios familiares al manicomio de “LA CASTAÑEDA” que en aquellos años, estaba ubicado por el rumbo de MIXCOAC, un suburbio de la gran urbe..
Mientras todo esto sucedía, nuestros protagonistas, la pequeña familia del señor EMMANUEL ORTIZ FLORIDO, se encontraba muy contenta disfrutando de su nuevo departamento, que era un poco más amplio que el anterior y obviamente sin el consabido quicio.
Cuando estos se enteraron de lo sucedido a los ambiciosos trabajadores, la madre, reuniendo a toda la familia, les habló cordialmente diciéndoles:
-Recuerden que la vida no da nada gratis, todo lo cobra y con creces.
Pienso que fue bueno el que nosotros no encontráramos el tesoro, porque quizá lo habríamos pagado, muy caro, y puede que hasta con la muerte de algunos de nosotros.
Así ésta modesta familia de la “clase media mexicana”, siguió viviendo en las mismas apretadas condiciones económicas, pero eso sí, todos muy contentos y felices, y como reza el refrán:
-FUERON MUY FELICES Y HASTA COMIERON PERDICES
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1 comment so far ↓

#1 pintor fachada madrid on 06.13.18 at 2:15 am

Interesante articulo . Aprendo algo con cada sito web todos los días. Siempre es estimulante poder leer el contenido de otros escritores. Osaría usar algo de tu articulo en mi blog, naturalmente dejare un enlace , si no te importa. Gracias por compartir.

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